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2010/07/15

EDH-Editorial-No es la carne de caballo sino el fraude lo malo

 La pregunta es si tiene lógica andar tras pequeños estafadores en medio de la espantosa matanza que, por falta de capacidad y de buenas estrategias, está sembrando el caos en el país

Editorial. 15 de Julio. Tomado de El Diario de Hoy.

 

Se contaba en corrillos ociosos de la época que en venganza por arruinar con salsa de tomate los exquisitos platos que le preparaba --a todo le ponía la mentada salsa— el cocinero del yate Cristina le servía carne de caballo a Jackqueline Kennedy, entonces de Onassis.

Pero la carne de caballo tiene no sólo agradable sabor, sino que se consume habitualmente en muchas regiones, incluyendo el sur de Europa. Es magra y sin mucho colesterol, con la ventaja adicional de que los caballos son alimentados con gramíneas y no reciben antibióticos.

Si de comidas raras se trata, a Asia hay que ir, o a México.

Bajo esa perspectiva, la captura de cuatro personas por vender carne de caballo haciéndola pasar por carne de res, resulta un pecado venial, no mortal. Ni siquiera se puede decir que la carne estaba contaminada más de la que se vende en mercados y pueblos, de animales que se destazan en las condiciones más antihigiénicas imaginables. ¿Quién no ha visto a los mozos de un camión abierto, a pleno sol y con el debido acompañamiento de millones de moscas, mover con sus botas la carne que transportan?

En la bella Italia no sólo se come carne de caballo, sino que se elabora jamón tanto de caballo como de asno, que no saben nada mal acompañados de un buen tinto piamontés. Y sin duda son más limpios en sus organismos los caballos y los asnos que los cerdos que, en algunos pasajes bíblicos, se describen como "impuros". De no vetarse la ocurrencia de leer la Biblia en las escuelas, podríamos tener una generación de salvadoreños que van a rehusar comer carne de cerdo o recibir transfusiones de sangre.

Pequeñas estafas y la gran matanza

El verdadero pecado de los cuatro a quienes las autoridades les echaron el guante es el engaño, "dar gato por liebre", montar un comercio fraudulento, burlarse de los compradores. Pero eso, bajo otro ángulo, no tiene importancia considerando los descomunales fraudes que vienen sufriendo los salvadoreños desde hace un tiempo, el mayor de todos la tomadura de pelo en que se han convertido las elecciones.

¿No es peor que un diputado se presente como candidato de un partido para luego venderse a quien más le paga? Echarse de vez en cuando y sin saberlo, un filete de un noble equino no es tan grave, como que un individuo nos engañe ofreciendo una cosa para luego ponerse al servicio de mafiosos, corruptos o regímenes extranjeros.

Todavía peor, votar para luego darse cuenta de que los electos pretenden disponer de los bienes, los jóvenes y las instituciones para hacer de El Salvador una república popular comunista sometida a los venezolanos y a los cubanos.

Muchos se preguntan si tiene lógica andar tras pequeños estafadores en medio de la matanza espantosa que, por falta de capacidad y de buenas estrategias, está sembrando el caos en el país. Cuando en un fin de semana se dan "sólo" ocho o diez muertos la gente se siente aliviada…

Por un lado hay que comenzar a enderezar las cosas; castigar las pequeñas faltas fue la táctica empleada por Giuliani para devolver la seguridad a Nueva York, que estaba en proceso de convertirse en la ciudad más peligrosa de Estados Unidos.

elsalvador.com :.: No es la carne de caballo sino el fraude lo malo

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