Luis Nelson Segovia.15 de Julio. Tomado de El Diario de Hoy.
Del 5 al 9 de julio, Fusades promovió el evento "La juventud salvadoreña ante la situación de violencia, delincuencia e inseguridad", donde se debatió sobre la participación de los jóvenes como actores estratégicos en un país seguro y económicamente viable. Uno de los subtemas fue "El rol de la Asamblea Legislativa ante los problemas de violencia e inseguridad" donde. me tocó dirigir la mesa con diputados de diferentes partidos políticos de la Asamblea Legislativa.
Evento que me impulsa pergeñar estas ideas desde el entorno existente de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, donde uno de sus documentos "De la locura a la esperanza. Nunca más", sintetizó un magnífico mensaje de abandonar la locura de la guerra fratricida y nunca más regresar. Dichos acuerdos abrieron esperanza de vivir en armonía y paz en nuestra sociedad convulsionada por miles de muertos durante esa triste historia de guerra.
Reconocimiento internacional han merecido los acuerdos de paz porque después de su firma no existieron grupos alzados en armas ni volvieron a escucharse detonaciones ensordecedoras de bombas, fusiles y ametralladoras. Pero la violencia y los homicidios, se han incrementado y nos colocan como uno de los países más peligrosos del mundo, con un promedio de catorce muertos diarios que para los índices de la Organización Mundial de la Salud constituye una "epidemia social".
Como los hechos de violencia diaria de homicidios, violaciones, extorsiones, secuestros, cuotas de protección para el transporte, peaje para cruzar territorios, etc…, parecieran formar parte de nuestra vida cotidiana nos volvemos insensibles o nos estamos acostumbrando a vivir en esta inseguridad y únicamente la repudiamos sin protestar. Salvo cuando se presentan hechos de marcada barbarie y salvajismo descomunal, como sucedió con el asesinato de un escolar menor de edad por otro menor, quien brutalmente lo apuñaló quitándole la camiseta como trofeo de su vil acción. Y el hecho más reciente del asalto a un bus cuyos pasajeros fueron rociados de gasolina e incinerados en un espectáculo dantesco calificado de masacre y salvajismo, peor que los genocidios tribales cometidos en el África.
Hasta cuando se producen hechos así, la opinión pública reacciona que estamos retrocediendo a una violencia peor a la guerra y que nos conducimos a otra locura con lujo de crueldad y barbarie. Espeluznante noticia que ha recorrido el mundo sobre el salvajismo que está ocurriendo en nuestro país y que nos daña en todos los aspectos.
La Asamblea Legislativa reacciona incrementando la pena para los menores en quince años de cárcel, la Presidencia hace participar excepcionalmente a la Fuerza Armada. Se producen otras reacciones con buena intención pero precipitadas e inconsultas, tales como impulsar la pena de muerte, que merece una revisión detenida, decretar el estado de sitio como estado de excepción en zonas críticas, criminalizar la participación en las pandillas o maras, la lectura de la biblia que en principio es una buena acción pero puede ser foco de otra violencia por ser las divisiones religiosas peores que las políticas.
El combate a la delincuencia no es para estar presentando soluciones unipersonales o de grupo, inconsultas y precipitadas; el Estado está siendo agredido, corre riesgo la paz y armonía de la sociedad salvadoreña, no es sólo obligación del Gobierno de El Salvador, de su Ejecutivo, ni de la Asamblea Legislativa ni del Sistema Judicial, sino también de la empresa privada, de las gremiales de profesionales, universidades, sindicatos de trabajadores, de la Fuerza Armada, de toda la sociedad salvadoreña y en especial de su juventud.
Se debe continuar con la depuración de la Policía Nacional Civil, de la Fiscalía y de los operadores del Sistema Judicial, debemos superar los criterios garantistas de viejo cuño, que en su época surgieron en protección del ciudadano frente a gobiernos represivos y si hubiere necesidad de revisar la denuncia de tratados internacionales garantistas, debemos hacerlo como estado de excepción y de legítima defensa.
Todos los salvadoreños compactados en un solo ACUERDO NACIONAL DE UNIDAD debemos enfrentar esta guerra contra la violencia, delincuencia e inseguridad pero no con acciones desordenadas, populistas e improvisadas sino estratégicamente planificadas, integradas y coordinadas por una jefatura centralizada.
elsalvador.com :.: La juventud frente a la violencia e inseguridad
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