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2010/07/06

EDH-Editorial-El grave error de leer la Biblia en las aulas

 Muy pocos maestros tienen la suficiente comprensión de los textos bíblicos para saber lo que se debe leer y además responder con sensatez a las preguntas de sus alumnos

07 de Julio. Tomado de El Diario de Hoy.

 

Los Diez Mandamientos no sólo fundamentaron moralmente el judaísmo, sino a toda la civilización occidental, constituyendo el marco básico de las relaciones entre las personas y asimismo del Orden de Derecho. El conjunto de prohibiciones da cuerpo al imperativo categórico: "No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti"; no matarás, no robarás, no jurarás en vano, no desearás la mujer del vecino.

Los Diez Mandamientos se deben inculcar a los escolares, lo que les basta saber y entender para ser personas de bien. Es lo que falta en el sistema escolar desde que se suprimió la enseñanza de moral y civismo, y explica, en gran medida, la desorientación y los desbordes de violencia e impiedad que nuestro victimizado país padece desde hace cuarenta años.

Leer la Biblia como parte de la labor docente, según lo señaló con acierto el arzobispo de San Salvador, monseñor Escobar, es inconveniente y peligroso, comenzando porque muy pocos maestros tienen la suficiente comprensión de los textos bíblicos para saber lo que se debe leer y además responder con sensatez a las preguntas de sus alumnos. No sólo muy pocos maestros, sino muy pocas personas.

Si son pocos los maestros que entienden, se puede decir de antemano que no habrá niño o adolescente en el país que comprenda lo que les leerían, ni menos que saque las deseables conclusiones morales o de conducta de lo que oye. De hecho, son pocos los sacerdotes y pastores que comprenden el fondo moral y espiritual de la Biblia, conclusión a la que no es difícil llegar oyendo homilías, sermones y lecturas que se hacen en iglesias, templos evangélicos y programas televisivos y radiales.

Cada uno debe contribuir a la reconstrucción

La torcedura de textos, las lecturas parciales, las maliciosas comparaciones, el engaño sobre significados será el suceso de cada día, lo que es de esperarse en un país donde el fraude, las falsas promesas y las hipócritas posturas se han convertido en un instrumento de poder político. No cuesta imaginar lo que se terminaría enseñando en las escuelas: que el mismo Dios, desde su trono celestial, se opone a la construcción de una carretera o apoya la reelección del alcalde del lugar. Como los padres de familia dejaron de contar en el sistema al suprimirse el programa EDUCO, un programa que ha sido modelo en el Hemisferio, ni las comunidades ni las familias van a saber lo que se lee en las escuelas y los fines que con esas lecturas se persiguen.

La propuesta, que se puede originar de la buena intención de recuperar la moral, agrega al tinglado de falso intelecto y vacía cultura con que se está llevando a nuestro pobre país al desastre. Vendrá a ser parte de las cortinas de humo con que se encubre la destrucción de las instituciones, la burla a los ciudadanos que de buena fe acuden a las urnas, el pisoteo de la justicia, la incapacidad en la conducción de los asuntos públicos, el resquebrajamiento de la economía.

Nunca, empero, hay que darse por vencidos en cuanto a defender lo que de bueno y positivo se atesora en un país. Cada uno de nosotros debe contribuir día a día a que disminuya la violencia, que menos gente caiga víctima del engaño y que se vayan recuperando los hábitos de laboriosidad y buena disposición que caracterizaron a esta tierra.

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