Manuel Hinds.16 de Julio.Tomado de El Diario de Hoy.
Hay temas sobre los que hay que escribir una y otra vez porque son particularmente vulnerables a que la gente escriba o hable sobre ellos, sin prestar ninguna atención a la realidad. Uno de estos es la aseveración tan común de que la pobreza es lo que origina la violencia y el crimen, que es normalmente acompañada con la aseveración gemela de que el culpable de que haya pobreza y violencia es el régimen democrático de mercado libre. La realidad demuestra que estas dos aseveraciones son totalmente falsas.
La gráfica 1 muestra que no hay ninguna relación entre la pobreza y el crimen. Ella compara el índice de criminalidad con el ingreso por habitante de los 82 países en desarrollo que reportan datos al Foro Económico Mundial. Cada punto representa un país. Un país es más pobre mientras más a la izquierda está, y tiene más criminalidad mientras más arriba esté.
Si fuera cierto que el crimen aumenta con la pobreza, los puntos a la izquierda (que representan países más pobres) tenderían a ser los más altos (con más crimen), mientras que los puntos más a la derecha (que representan países más ricos) estarían más abajo (con menos crimen). Es decir, veríamos una línea descendiendo hacia la derecha. Esto claramente no es así. Lo que vemos es una línea horizontal, que muestra que el promedio de criminalidad de los países con 2 mil dólares de ingresos es 4, y que ese es el mismo promedio de los países con 4 mil dólares de ingresos, y de los países con 10 mil y con 14 mil. Y en cada nivel de ingresos, hay países con poca criminalidad y países con mucha criminalidad. Por ejemplo, note que El Salvador es mucho más rico por habitante que Moldavia, o que Indonesia, o que India, lo que sugeriría que su criminalidad sería más baja que la de esos países; la triste realidad, sin embargo, es que tiene una criminalidad mucho más alta.
El ingreso por habitante de Sur África (SA en la gráfica) es el doble que el de El Salvador; su criminalidad, sin embargo, no es menor sino mayor. De igual forma, la criminalidad de Venezuela es mucho más alta que la de Gambia, a pesar de que es seis veces más rico.
La gráfica 2 muestra la evolución de los homicidios intencionales por cada 100 mil habitantes en dos países que son vecinos entre si —uno es Colombia, una democracia con libertad de mercado, y el otro es Venezuela, la cuna del Socialismo del Siglo XXI--. Note usted cómo los homicidios han bajado en el primero y han subido en el segundo, principalmente desde que en 1998 tomó el poder el presidente Hugo Chávez y comenzó a establecer el Socialismo del Siglo XXI. En contra de lo que se dice tan comúnmente, el crimen ha bajado en la democracia liberal y ha aumentado en la dictadura socialista.
Esto ha pasado a pesar de que durante este período Venezuela ha experimentado un boom económico debido a los altísimos precios que ha tenido el petróleo, que ha resultado en un aumento substancial del ingreso por habitante. Para los que aseveran que la criminalidad está asociada a la pobreza, y que tanto pobreza como criminalidad surgen de la democracia liberal, Venezuela debería de estar experimentando una rápida caída en la tasa de asesinatos desde que subieron los precios del petróleo y desde que Chávez escaló el poder y comenzó a restringir las libertades del pueblo venezolano. Pero en vez de disminuir, la criminalidad se ha multiplicado casi por tres. Es decir, los datos internacionales y la evidencia misma de Venezuela desmiente n las aseveraciones peregrinas que los partidarios del Socialismo del Siglo XXI hacen con respecto a la criminalidad, la pobreza y la democracia.
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