Escrito por Elner Crespín Elías.09 de Julio. Tomado de La Prensa Gráfica.
Está demostrado que la educación y el desarrollo económico de un país están íntimamente relacionados. Un país educado tiene una alta probabilidad que su gente obtenga un mejor ingreso per cápita, valores mínimos en la tasa de criminalidad o violencia, mejores salarios, un mejor clima de inversión, lo cual es un factor a favor del desarrollo económico del país.
¿Por qué la inversión extranjera ha buscado a Costa Rica? ¿Por qué, en El Salvador, siendo una economía dolarizada, es el país que menos ha crecido en las últimas décadas? El factor diferencial ha sido el capital humano.
A mediados de la década de los noventa dio inicio una reforma educativa en nuestro país, precisamente, tres años después de haber finalizado el conflicto armado, y surgió como una necesidad de sistematizar y revisar los planes de estudio del sistema educativo nacional. Han pasado 15 años de dicha reforma y a la fecha la sociedad no conoce los frutos o el impacto que ha tenido en la población beneficiaria.
Analizando la tasa de matrícula de los distintos niveles educativos, en el periodo 2000-2008, el único nivel que ha incrementado la participación ha sido Educación Media (bachillerato) –motivado en algunos casos por la migración de estudiantes del sector privado al público por la crisis económica–; mientras que el nivel con menor cobertura ha sido la Educación Superior.
Respecto a la inversión del Estado, en el periodo 2001-2008, con relación al Producto Interno Bruto (PIB), se observa una inversión en descenso, desde 3.4% (año 2001) hasta 2.9% (año 2008), teniendo sus valores mínimos en los años 2004, 2006 y 2007. Mientras la inversión no aumente los niveles actuales, seguiremos padeciendo los estragos de una sociedad enferma, sin educación, sin valores, con altas tasas de criminalidad, narcotráfico, pandillas, corrupción.
El sistema educativo tiene desafíos en la cobertura (especialmente en los niveles de parvularia y secundaria), en infraestructura y calidad, enfrentarlos implica contratar a más docentes al sistema, invertir en equipos, tecnología y fortalecer las capacidades docentes.
Hay beneficios sociales derivados de aumentar el nivel educativo del conjunto de la población de un país: disminución de los índices de la delincuencia, fomento de valores para la convivencia, participación ciudadana, aumento de la inversión privada. La educación contribuye a reducir la pobreza y posibilita el desarrollo económico y social en la medida que las personas adquieren habilidades y destrezas para ser productivas.
La inversión en educación debería de ser una política de Estado y enriquecerse en cada Gobierno; debería incrementarse el financiamiento para garantizar una sociedad educada, con mejores oportunidades para las generaciones futuras. Esta es una inversión que demandará mejores cuadros docentes, mejores ideas en procesos didácticos y de aprendizaje, integración y utilización de las nuevas tecnologías en el aula, directores que hagan valer su rol como facilitadores de recursos y rendición de cuentas para que la población conozca los avances, los problemas o las lecciones aprendidas.
La inversión en educación debería ser una prioridad de los gobiernos, indistintamente del color político, desde los niveles iniciales hasta Educación Superior, para garantizar un crecimiento del capital humano y una mayor productividad, lo que se traduciría en un mayor crecimiento económico.
Los actores del sistema político y económico deberían aunar esfuerzos por atacar las causas y no el efecto de los actuales problemas sociales, haciendo un pacto social por El Salvador, por un país más educado, anteponiendo los intereses de grupos que han privado desde hace muchos años.
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