Nuestra realidad, vista en retrospectiva histórica, ha sido ya tradicionalmente un “río revuelto”, en el que los únicos que sacan ganancia son esos “pescadores” a los que se refiere el refrán.
Escrito por Editorial.20 de Julio. Tomado de La Prensa Gráfica.
Aunque eso pasa “hasta en las mejores familias”, en este caso “hasta en las democracias más experimentadas”, la sobrecarga de suspicacias movidas por intereses del momento y la tendencia que parece irresistible a levantar polvaredas para esconder realidades se vuelven obstáculos persistentes en la ruta de esta democratización que, por su propia naturaleza, es un esfuerzo de alta complejidad, que requeriría cada vez más sensatez y buen tino de parte de todos los actores envueltos en ella, y en primer lugar los actores políticos.
Hoy se vuelve a hablar de complicidades con el terrorismo, así como en la campaña se habló de grupos armados irregulares. Se habla también de persecución política y por otra parte de planes malévolos para complicar el trabajo gubernamental. Parece que estamos entrando de nuevo es ese pimpón de dimes y diretes, que al final no le sirve a nadie, pero sí continúa contaminando el ambiente, ya suficientemente contaminado con los “gases de efecto invernadero” que ha venido soltando nuestra “clase política” a lo largo de esta ya prolongada posguerra.
En el incidente por armas con permiso vencido en la casa de un ex Presidente de la República, las autoridades han dado varias versiones sobre lo que pasó, en especial porque dicho incidente ha derivado en una confrontación política. Sea como fuere, lo cierto es que la autoridad tiene que cuidar, sistematizar y controlar bien todos sus procedimientos, para que éstos no agreguen más inseguridad a la ya existente. La atmósfera nacional se está congestionando, y es muy negativo que así sea, porque lo que más se necesita ahora mismo es una mezcla de cordura interactiva y de inteligencia comprensiva en el manejo de una problemática que de por sí ha venido acumulando una enorme carga de inquietudes y ansiedades.
Desaguar el “río revuelto”
Nuestra realidad, vista en retrospectiva histórica, ha sido ya tradicionalmente un “río revuelto”, en el que los únicos que sacan ganancia son esos “pescadores” a los que se refiere el refrán. Ese “río revuelto” desembocó, en su momento e inevitablemente, en la turbina loca de la guerra, de la que logramos salir por el canal providencial de la paz acordada. Todo esto tendríamos que tenerlo siempre en cuenta, con todas las lecciones que acompañan la experiencia, no sólo para valorar lo positivo que venimos logrando desde entonces, sino, sobre todo, para blindarnos históricamente de cara a los desafíos del presente y del futuro.
En esta tarea depuradora tan necesaria, las actitudes y las estrategias políticas son desde luego determinantes. Una de las grandes carencias que padecemos como sociedad en avance modernizador es la falta de cultura estratégica en todos los órdenes de la actividad nacional. Si uno mira a los partidos, esa falta es realmente patética. Insistir en la necesidad de llenar adecuada y oportunamente tal vacío constituye, de seguro, uno de los mejores servicios que se le pueden prestar a nuestra democracia en formación.
Nada de eso puede lograrse si las mejores energías se desperdician en confrontaciones estériles y en conflictos artificiales, tanto entre partidos como dentro de los partidos. Las tareas nacionales por hacer son de tal naturaleza y envergadura que, si se dejan estar, pagaremos todos facturas cada vez mayores. No puede haber prueba más elocuente y lacerante al respecto que lo que ha ocurrido en el campo del crimen y la delincuencia.
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