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2010/07/20

LPG-El reclamo de una sociedad

 Escrito por Rafael Rodríguez Loucel.20 de Julio. Tomado de La Prensa Gráfica. 

Una apreciación objetiva es que el país lleva más de dos décadas pérdidas, período en el cual se han realizado varias propuestas de planes de gobierno, en un principio identificadas con ofertas políticas y que independientemente de cómo se denominen, en definitiva, no han significado cambios radicales que deriven en un bienestar generalizado. Es común escuchar que existe un agotamiento de un modelo; menos ampuloso resulta decir: la ausencia de una estrategia. En todo caso, independiente de cómo se les denomine, esos ensayos no han permitido implementar un esquema productivo-exportador de beneficio generalizado para la sociedad salvadoreña.

Cada vez es más evidente una sociedad que se identifica como improductiva y consumista, sin hábito de ahorro para aquellos cuyo ingreso supera patrones de consumo. Por otra parte, la exacerbación del interés particular y negación secular de un actuar en consenso son obstáculos absurdos en un país tan pequeño, pobre y poco potencial de crecimiento. La politiquería y partidocracia han secuestrado un quehacer que genera valor, se han constituido en impedimentos de un actuar normal de un país. La corrupción e impunidad, males endémicos, cierran ese círculo vicioso del entorno que niega las opciones de salida del subdesarrollo y en alguna medida han contribuido a la violencia en todo sentido.

Individualmente existe un actuar promedio conformista y derrotista, como si integrasen una marcha lenta con carteles de inviabilidad como sociedad, que lejos de contrastar la crisis internacional, la sobredimensionan y su rebalse se convierte en violencia, homicidios y autobuses –holocausto, incineración o inmolaciones involuntarias– que tampoco son actos de protesta. Las calcinaciones se identifican más con una rebeldía, que se aproxima a terrorismo. Todo esto circunstancialmente coincidente con el año de despegue de un gobierno con promesas de cambio. La sociedad se declara indignada, las autoridades realizan operativos, capturas masivas. Ojalá esta vez no sea otro aspaviento como “llamarada de tusa”, típico de nuestra subcultura.

Pareciera que la sociedad salvadoreña se aproxima a aquellas sociedades identificadas como en decadencia o fallidas, que reclaman para no perecer de un renacer cultural, un esquema productivo eficaz, un aporte (sustancial, filantrópico y nacionalista) del inversionista nacional, un orden institucional, un plan emergente de contención a la delincuencia y de la restauración de la razón de ser de la política como ciencia en lugar de una opción de enriquecimiento. Un volver a nacer de esa índole requeriría de un mando efectivo de las autoridades y de la restauración de la credibilidad ciudadana en el sistema económico y político, traducidos en un “no” a la violencia.

La aceptación universal de Estado fallido y posterior concertación se vuelven necesarios. El gobierno debe cumplir con el mandato de gobernar efectivamente, a través de sus funcionarios como empleados que son de sus empleadores (los que básicamente financian la gestión gubernamental –los contribuyentes). Estos últimos son los que reclaman, los que demandan una recomposición del aparato productivo para volverlo competitivo y autosuficiente. También reclaman de los poderes del Estado un actuar con transparencia y probidad en un país que dada su pobreza, su mínimo potencial de crecimiento, su dependencia perniciosa de las remesas familiares, sus altos niveles de endeudamiento, reclaman una erradicación de la delincuencia y la corrupción.

Ese reclamo debe traducirse en la búsqueda de un esfuerzo de ampliación de la base productiva-exportadora y de inversión interna y como paso previo y urgente de un plan integral de erradicación de la violencia-delincuencial para que el país sea viable.

El reclamo de una sociedad

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