Durante los años del conflicto civil, El Salvador era noticia en los medios de comunicación norteamericanos casi a diario. El Salvador fue para los medios durante la década de los años 80 lo que hoy es Afganistán.
Escrito por Ernesto Rivas Gallont.04 de Julio. Tomado de La Prensa Gráfica.
Entonces, nuestro país contaba con el apoyo de la administración del presidente Reagan y, aunque los medios escritos eran –y son– en su mayoría de tendencia liberal, el nombre de nuestra nación no sufrió vilipendio, más que de parte de los simpatizantes de la guerrilla que abundaban dentro y fuera del gobierno.
“Where are you from?” (¿De dónde es usted?). La respuesta “de El Salvador” era recibida con frecuencia con un “Oh” lleno de implicaciones, unas buenas, otras malas, otras de sospecha o aprensión, otras de lástima y, muchas, de resentimiento por los millones de dólares que Estados Unidos vertía sobre la guerra y la economía nacional.
Decir ahora que uno viene de El Salvador es relacionado de inmediato con las maras y la violencia, sobre todo en aquellas ciudades, como Los Ángeles donde existe la mayor concentración de estos siniestros grupos, a pesar de que en las mismas hay decenas de miles de salvadoreños honestos que honran nuestro país.
Decir ahora El Salvador es, para países extraños, referirse al país que en lo que va del año ha experimentado más de 2,000 muertes por asesinato. En el país donde asesinos despiadados prenden fuego a un microbús colmado de personas, sobre todo mujeres y niños.
Las pandillas callejeras han sido descritas como una agregación de jóvenes quienes se perciben a sí mismos como personas distintas, consideradas en sus comunidades como seres diferentes y que invitan a formar una imagen negativa de ellos a través de sus acciones.
Muchos dicen que las maras se originaron en Estados Unidos; no importa que la más infame lleve el nombre de nuestro país. A lo largo de la historia norteamericana, las pandillas callejeras han tenido bases étnicas. Originalmente las conformaban inmigrantes polacos e italianos, hasta que en los años 50 y 60 grupos mexicanos y puertorriqueños tomaron prominencia. Ahora nos toca a los salvadoreños ser identificados con la violencia callejera.
Estos grupos exaltan el orgullo o machismo latinoamericano, sus raíces salvadoreñas o nexos con pandillas más reconocidas que dominan los barrios y vecindarios más pobres en Los Ángeles, según fuentes oficiales y hoy controlan las calles de El Salvador.
La Mara Salvatrucha y sus colegas en el crimen son empresas criminales, cuyas raíces se remontan a la guerra civil. Gran cantidad de miembros de las maras enfrentan cargos de asesinato, asalto y robo de automóviles, pero nuestro sistema de justicia es incapaz de cumplir con su propósito y la enorme mayoría de los casos nunca llegan a juicio o, lo que es peor, son sobreseídos. Hoy las maras tienen nexos formales con carteles del crimen en América Central, México y América del Sur.
La ola de crimen y violencia ha alcanzado un grado de epidemia incontrolable. El país está en manos de esos individuos que hacen las suyas impunemente frente a las autoridades que, hasta hoy, han demostrado que son incapaces de controlarlos.
El miedo y la inseguridad son característicos de nuestra sociedad.
Los esfuerzos para fomentar el desarrollo económico de la nación se ven afectados por los niveles de violencia que predominan y continuará siendo así mientras subsista la violencia desbordada por la que el país está pasando.
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