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2010/07/20

EDH-Editorial-La pequeña nube gris: lo que piensa el inversor

 A la hora de la verdad no cuentan tanto los aplausos como las buenas cosechas, el activo comercio, la ocupación de los jóvenes, los salarios que la gente lleva a sus casas

Editorial.20 de Julio. Tomado de El Diario de Hoy.

E En una entrevista televisiva se dijo que el Presidente Funes no sólo tiene un índice interno de aprobación muy alto, sino que también en el exterior se le valora positivamente. ¡Bien para él, bien para el país!

Hay, empero, una pequeña nube gris, como en el vals peruano, en este paisaje de celajes: lo que piensan los inversores. En lo que va del año, la inversión se ha reducido en casi trescientos millones de dólares. Y si bien una parte importante de la población es o positiva o cauta respecto al futuro, los que producen, generan trabajo, comercian, tratan con el exterior y les toca cuidar sus negocios, están a la espera o buscan oportunidades fuera.

Inversión, lo hemos dicho muchas veces, no es sólo el capital que se usa para montar una nueva fábrica, sino que inversión es pintar la casa, comprar estantería nueva para la tienda, reemplazar el motor del torno, adquirir cuatro camioncitos para llevar mercadería.

Inversión es el costo de la tecnología que se compra, el entrenamiento que se da a un empleado, el nuevo edificio para el almacén. Inversión es la carretera que se construye entre dos ciudades. No es inversión aumentar el sueldo al correligionario que se nombra en una dependencia.

La inversión es el motor del empleo, lo que hace posible no sólo generar nuevos puestos de trabajo, sino también sostener los existentes. El empleo surge cuando hay confianza, reglas claras, buena disposición hacia los productores e inversionistas. El empleo se destruye si hay incertidumbre, si se cambian las reglas de improviso, si hay acoso. No ayuda en nada a la imagen del gobierno ante los inversionistas, la obstinada negativa a flexibilizar las horas de trabajo, aunque se dejen de generar doce mil empleos, o la descomunal ocurrencia de sindicalizar el trabajo de hogar. Tal absurdo perjudicará a quienes ahora tienen un empleo, en un momento cuando hay más y más desocupados.

Nadie come de una gran ovación

La gente que ya está aquí no tiene más alternativa que invertir lo necesario para que sus negocios y actividades no se derrumben. Sucedió durante la guerra pese a las barbaridades del primer gobierno de izquierda que tuvo el país, como ocurre en todas las latitudes, aun en países colapsados como Somalia.

Pero es distinto cuando el productor interno descubre oportunidades en otros sitios, o toca al inversor extranjero escoger entre un país donde se trata bien al hombre de trabajo y otro donde se le hostiga y amenaza. No abona a la imagen nacional que haya funcionarios que acusen a ciertos productores de "ganar el dos mil por ciento", lo que cualquiera sabe que es imposible y, además, perverso decirlo, y que por otra parte un contingente de diecisiete policías llegue a registrar la casa de un expresidente. "Si eso le hacen a él, que no pueden hacer a otros".

La caída de las inversiones no mide una clase de popularidad pero refleja lo que piensa la gente que analiza y pondera en qué va a ocupar su dinero y su experiencia. A la hora de la verdad no cuentan tanto los aplausos como las buenas cosechas, el activo comercio, la ocupación de los jóvenes, los salarios que la gente lleva a sus casas. O, como señalan algunos, nadie come de ovaciones.

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