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2010/07/21

EDH-Editorial-O es señal de crasa ignorancia o de mala fe

El paciente, en un país libre como ha sido el nuestro, escoge entre diversas opciones; la competencia regula en parte los precios y las calidades de lo que se usa y consume

Editorial-21 de Julio. Tomado de El Diario de Hoy.

 

No existe industria que gane el dos mil por ciento, pues de ser así en menos de veinte años tendría el control de toda la riqueza mundial. El promedio de las ganancias en los países industriales no sobrepasa el doce por ciento, unos tres puntos sobre el mínimo para mantener en operación una empresa considerando las inversiones en mantenimiento, en renovar equipos e introducir nuevas tecnologías.

Que un niño en Soyapango crea que existen empresas que ganen el dos mil por ciento sobre su inversión es una cosa, pero que lo diga, repita, divulgue e insista en ello un funcionario, o inclusive ministro, es otra. Afirmarlo es, o señal de absoluta ignorancia, o parte de una campaña difamatoria contra la industria farmacéutica. Felices estarían los de Hacienda con esas colosales ganancias por los impuestos que recibirían.

Es grave pretender interferir, regular, hostigar y hablar de una industria, negocio, sector, actividad, grupo o asociación sin comenzar por lo básico: entender lo que son márgenes, costos, reservas, contingencias, precio de la inversión. Si además de tales ideas van a surgir políticas públicas, no tener claridad sobre lo que ocurre en un campo puede causar graves daños no sólo a una industria, sino también al personal que labora en ellas, a la cadena de suministro que las soporta y a los consumidores de sus productos. Se golpea a un sector y de inmediato se afecta a toda la economía nacional.

Pero, al mismo tiempo que se emprende una campaña contra los productores nacionales sin siquiera haberlos escuchado, se propone que El Salvador importe medicinas de Cuba y de Venezuela. Comprar lo que hacen cubanos y venezolanos y dejar de comprar las manufacturas de salvadoreños. ¡Vaya patriotismo!

Los del desastre quieren dirigir la salud

Pero hay más: se compraría por orden ministerial, no porque esas medicinas sean más competitivas, se fabriquen con autorización de los dueños de las patentes y respondan a estándares internacionales de calidad y pureza. Aquí hay entidades que se ocupan de vigilar calidades, pero tal cosa no existe ni en Cuba ni en Venezuela pues todo es una melcocha: el que fabrica, regula, controla, distribuye y dispensa es una sola burocracia (o "Estado"), La gente en esos países, como antes en la Unión Soviética, está resignada a lo que le entreguen, cuando hay algo que entregarle. Y se le entrega sin que el consumidor tenga posibilidad de escoger entre dos fármacos o marcas.

La atención de la salud, sea privada o pública, es un campo en el que intervienen proveedores, fabricantes, médicos, enfermeras, hospitales, servicios clínicos, técnicos, administradores, contables, vendedores, aseguradores y miles de personas que se desempeñan en los más diversos oficios y actividades. El paciente, en un país libre como ha sido el nuestro, escoge entre diversas opciones; la competencia regula en parte los precios y las calidades de lo que se usa y consume.

La competencia entre muchos productores es más eficiente en fijar rumbos y establecer prácticas y calidades, que las burocracias, más cuando éstas son nombradas a dedo, por vínculos políticos. La abismal ineficiencia de lo montado en economías socialistas se refleja en la falta y mala calidad de las medicinas, la pésima atención, el deterioro de instalaciones, el desgano en atender a los pacientes, las largas esperas. Los enfermos crónicos se quedan sin tratamientos para seguir vivos.

elsalvador.com :.: O es señal de crasa ignorancia o de mala fe

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