Marchelly Funes.06 de Julio. Tomado de Co Latino.
El centro de San Salvador es escenario de violencia cada vez que las autoridades municipales intentan reordenar las ventas informales.
El pasado 12 de junio, la comuna capitalina inició un plan operativo de reubicación de ventas informales de las zonas ubicadas entre los hospitales; Rosales, Maternidad, la Unidad Primera de Mayo y el General del Instituto Salvadoreño del Seguro Social. Posteriormente, continuaron con la recuperación de los alrededores del Parque Infantil.
Estas acciones edilicias han recibido una doble percepción. En la perspectiva de los capitalinos, aquellos que votaron y eligieron –y los que no votaron y no lo eligieron también– a Norman Quijano como alcalde de San Salvador. Podría percibirse que una gran mayoría de capitalinos avalan las acciones de rescate y reordenamiento del centro, ya que la ciudad es un completo desorden que hasta el día de hoy ningún alcalde ha podido resolver por décadas. Por otro lado, están los opositores, los vendedores, quienes justifican que se encuentran en las calles porque no tienen otra fuente de empleo. Sin embargo, esta parte no hay que dejarla pasar a la ligera.
Si las personas -que por las políticas neoliberales implementadas por más de 20 años en el país no encontraron otra salida más que ir a las calles en busca del sustento diario- se encuentran ocupando toda las zonas peatonales y carriles completos de la capital con sus comercios tienen la verdadera intención de colaborar deberían de buscar mecanismos de diálogo para mantener su fuentes de ingresos. No está de más recordar que todos los alcaldes y alcaldesa anteriores crearon mesas de diálogo para solucionar el problema del desorden de las ventas informales, pero nunca lograron acuerdos y es que estos señores que se escudan en la necesidad no quieren dialogar ellos ya se creen los dueños de las calles.
Ellos dicen tener necesidad de alimentar a sus familias, estos no pueden ser los mismos que atentan contra de la dignidad de los capitalinos con sus ruidos, con sus maltratos y con sus abusos de poder, porque nadie de las personas que circula por el centro de San Salvador me dejará mentir: ahí no solo se ven ventas de artículos de primera necesidad, ahí se venden desde tomates hasta armas y drogas. Obviamente, no están a la vista, pero de que se comercializan en la zona. Eso sí. Por ejemplo, si un transeúnte quisiera adquirir un arma o una porción de droga no necesita más que cruzarse por el mercado Sagrado Corazón de Jesús, por la Iglesia El Calvario, por el Hula Hula o por la parte de atrás de Simán para encontrarla.
Los intereses que realmente se esconden tras las necesidades de unos pocos son el crimen organizado. Por ejemplo: un pequeño vendedor de verduras, de lácteos o de productos de primera necesidad no va atacar con disparos o granadas a la municipalidad ni van a poner en riesgo su vidas ni la de los transeúntes. Es decir, estas acciones no obedecen a los vendedores sino a los grupos de mafiosos que se pelean los territorios para extorsionar y traficar a su antojo.
Los capitalinos en general están de acuerdo con que se recuperen los espacios peatonales, se liberen las calles, que buena falta le hacen al centro, en otras palabras, con que se devuelvan los espacios públicos que fueron arrebatados por las ventas informales. Lo que el alcalde no debe perder de vista es que para reordenar San Salvador no basta buena voluntad; sino que hay que tener una estrategia integral que contenga ejes de acción para satisfacer todas las necesidades de los actores principales, entiéndase, capitalinos y vendedores. Tampoco se debe olvidar que reordenar el centro es una declaración de guerra contra un fenómeno estructurado donde impera y opera el crimen organizado.
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