Por Carlos Glower.15 de Julio. Tomado de Contra Punto.
La dolarización ha limitado el margen de movimiento de las iniciativas económicas gubernamentales
SAN SALVADOR - Las clasificadoras de riesgo le tienen el ojo bien puesto a El Salvador. La última clasificación franqueada al país hace unos días fue negativa y casi chatarra. En esto ya coinciden todas las clasificadoras. Cabe preguntarse el porqué esto ha sucedido si hace apenas dos años las autoridades gubernamentales de ese entonces se vanagloriaban de que el país tenía una clasificación muy superior a la mayoría de países de América Latina.
En el caso actual, la clasificadora Fitch informó que “En el contexto de la dolarización, el incremento continuo de la carga de la deuda limitará eventualmente el margen de maniobra fiscal que tenga el país…” Si se toman las estadísticas disponibles sobre la situación económica del país, todas indican que el país sigue sumido en una profunda crisis sin que se vislumbren señales mínimas de una recuperación sostenida. CASALCO anunció hace unos días desatinadamente que el empleo en la construcción había aumentado; dicho empleo es casi en su totalidad el resultado del gasto público.
El problema se complica aún más por el ruido estrepitoso introducido por los políticos mismos que inventan debates estériles que solo ofuscan el verdadero panorama de nuestro empobrecido y maltrecho país. Los medios han saturado sus páginas y entrevistas con temas peliculeros que los políticos se han inventado para hacerse sentir útiles. En la medida que haya más drama, mas abucheo y mas enredo, menos se tiene que exponer de los verdaderos problemas que agobian a nuestro país y los cuales ni el gobierno ni los sectores poderosos procuran realmente enfrentar para no minar sus propios intereses monopólicos y mercantilistas. O, sencillamente, para no desplegar a la vista del más indiferente, todas sus incapacidades, realzadas por la irracional dolarización.
Dentro de la camisa de fuerza de la dolarización, cualquier esfuerzo o medida económica de reactivación está destinada al fracaso por diferentes razones. Primero, la dolarización crea un sentimiento falso de protección pues se cree que una moneda fuerte induce a que la economía sea fuerte y por ende mientras menos se haga, mejor. Segundo, la dolarización hace que cualquier medida tomada sea auto neutralizada al mediano plazo por la misma dinámica del sistema cambiario.
La difícil crisis que se vive, también, no permite aumentar los impuestos. Y de esa manera, la única ventanilla de escape que se tiene, aparte de la migración forzada como un campo de concentración fuera del perímetro territorial, es el endeudamiento acelerado. Pero, este proceso de endeudamiento es el que lleva a las clasificadoras a concluir que las perspectivas del país son negativas. Tremendo dilema se tiene, y ni el gobierno, ni ningún otro sector posee capacidad de respuesta. De este modo, la crisis se profundiza, se alarga y mina todo esfuerzo que se lleve a cabo.
El imposibilitado gobierno hace el drama, emite proclamas, se ingenia planes quinquenales o vocifera ambiguos Pactos Fiscales que nadie sabe ni que son y si, fuera del ámbito académico, son prácticos o económica y políticamente viables. Pero, estos anuncios se esgrimen solo para llenar vacios, para convocar la atención y para pretender que algo se está haciendo. La inercia penetra a todos los sectores de la economía y el gobierno no está exento de ello.
El sector privado le echa la culpa al gobierno. Le dice que imprima confianza cuando es harto conocido que el mismo sector privado no se tiene confianza a sí mismo. Pero, eso no importa, pues como dijo el mismo Cristiani: solo un loco invertiría en El Salvador. Entonces ¿a qué le apuesta el gobierno para no caer en la deshonra de la mediocridad y que su gestión no caiga en el olvido de la historia salvadoreña como ha sido lo habitual? ¿Cuál es el juego económico del gobierno?
Lo que está jugando el gobierno ante la sumisión e impotencia que le imponen la dolarización, es avalarse de todos los préstamos disponibles, habidos y por haber sin tomar en cuenta los índices de endeudamiento. Por lo menos ya no juega como buen despistado al neoliberalismo grosero aunque alardea de coquetear con el mismo. Eso, le da dos puntos en la escala de Richter, pero no es suficiente. La esperanza es que con esos fondos, desembolsados y utilizados, se logre lubricar, a como dé lugar, la alicaída economía. No se necesita mucha imaginación o inteligencia para hacerlo. No hay otras opciones. Sin embargo, quisiéramos creer que el gobierno está al tanto que esta jugada es una apuesta al igual que el póker, particularmente cuando ya se escucha que a nivel internacional, puede haber otra recesión. Si la economía externa no repunta, el gobierno habrá agotado todas las opciones.
Ante esta situación, uno esperaría que el gobierno ya tenga un plan de contingencia para la desdolarización. Sería más recomendable una desdolarización oportuna, ordenada y planificada a que lo haga una fuerza de mercado caótica, imperdonable y repentina con sus consecuentes costos aun desconocidos.
Se sabe que el perversamente llamado Banco Central de Reserva está llevando a cabo confidencialmente una especie de análisis empírico costo-beneficio de la dolarización. Aunque eso es bienvenido, ya que nunca se ha hecho, ni aun cuando se tomo la descabellada decisión de dolarizar, parecería más prudente desarrollar inmediatamente un plan de contingencia para desdolarizar. El costo de hacerlo es mínimo pues, por ejemplo, se tiene un buen equipo en el BCR, que en vez de contar frijolitos, pude poner a buen uso las becas de las cuales fueron privilegiados gratuitamente.
En resumidas cuentas, el gobierno está haciendo una apuesta de casino y ese es su juego. La apuesta es que la recesión internacional termine antes que se agoten las fuentes de financiamiento y crédito externos. La probabilidad que logre su objetivo, es baja, y podría ser más fructífero comprar un billete de lotería. El gobierno y sus dirigentes, por su parte, se sienten mal queridos pero ni un fuerte abrazo los curaría, al igual que al sector privado que se encuentra con el rabo entre las patas.
¡Qué tenga suerte querido Gobierno! Sin suerte, el pueblo pagará los platos rotos de vuestra mediocridad, como lo viene haciendo por la mediocridad crasa de gobiernos anteriores.
La Jugada Económica del Gobierno - Noticias de El Salvador - ContraPunto
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