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2010/02/07

LPG-Libertad de prensa y transparencia

Al principio de este año, Kurt Westergaard estuvo al borde de la muerte. Un somalí furioso intentó asesinarlo. Y todo porque hace cinco años este caricaturista danés publicó 12 dibujos que representaban a Mahoma, el gran profeta del Islam, como un terrorista o en posturas similares.

Escrito por Luis Laínez. 07 de Febrero. Tomado de La Prensa Grafica.

Las caricaturas de Westergaard, publicadas en el periódico Jyllands-Postens, provocaron un escándalo internacional que ameritó que naciones musulmanas retiraran sus embajadores de Copenhague. Para estos gobiernos, la crítica editorial de Westergaard había llegado muy lejos. Para el somalí, al que las autoridades danesas ligan con el movimiento integrista Al Shabab y con Al Qaeda, la intolerancia llegó a tal extremo que intentó asesinarlo.

El Salvador, hace unos años, sorprendió gratamente a la comunidad internacional al despenalizar la crítica periodística, que ampara las caricaturas editoriales, artículos de opinión y otros. La nueva redacción del artículo 191 del Código Penal es una garantía para la libertad de expresión y permite ejercer el periodismo sin ataduras. Pero no es exclusiva para los comunicadores profesionales. También se aplica a cualquier ciudadano que quiera emitir su opinión, así sea expuesta en un programa de televisión o radio, en un noticiero, un blog o incluso en una obra literaria compleja.

La Corte Suprema de Justicia lleva ya varias semanas analizando una petición para declarar inconstitucional esta garantía de la libertad de expresión.

Realmente, la libertad de expresión tiene límites, impuestos por la ética y las leyes ya vigentes. Es decir, no es una licencia para difamar. Ningún periodista ético puede reportar algo que no sea cierto, a menos que publique algo erróneo, pero creyendo realmente en que es cierto. Lo correcto, en este caso, es rectificar y pedir disculpas. Me pasó hace un año, cuando escribí, con otro colega, una nota en la que adjudicamos a Nidia Díaz, diputada del FMLN, un artículo en Granma, el órgano oficial de Cuba. En realidad se trataba de un homónimo, por lo que al día siguiente publicamos una disculpa.

No hay nada malo en equivocarse. Lo malo es mantener como verídico algo que no lo es.

Lo que sí es dañino para la democracia es la intolerancia a la crítica. Y sobre todo si viene de funcionarios públicos, los que se supone saben que al aceptar un cargo de elección popular están expuestos al escrutinio ciudadano.

Por eso es que me sorprendió muchísimo el presidente Mauricio Funes cuando este jueves, durante la entrevista Frente a Frente, de la Telecorporación Salvadoreña, dirigida por Jorge Hernández, dijo sobre el artículo de opinión de Luis Membreño, publicado en La Palestra de LA PRENSA GRÁFICA, que “si fuera dueño del medio, clausuraría la columna por la pobreza de análisis”.

Creo que esto es una contradicción con el compromiso del mandatario con la libertad de expresión. Uno puede estar en desacuerdo con una opinión y la puede criticar con otros argumentos, pero no creo que sea válido considerar que la anulación de la disidencia sea la solución. Para eso está el debate o, en caso del máximo cargo de elección popular, los hechos y las acciones, para poder convencer al crítico.

El presidente Funes ejerció el periodismo por más de dos décadas y denunció fuertemente cuando la dirección del canal para el que trabajaba le eliminó su editorial, es decir, una versión en TV de una columna de opinión.

El Salvador merece pluralidad de ideas y riqueza de pensamiento, no una gris uniformidad.

Libertad de prensa y transparencia

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