La Utopía de Tomás Moro es una república ideal, posible históricamente si la política se supedita a la moral, se elimina la propiedad privada, el ejército y la intolerancia. Utopía es utópica por ser irrealizable en nuestro mundo de hoy.
Escrito por Ernesto Rivas Gallont. 07 de Febrero. Tomado de La Prensa Grafica.Utopía (1516) es la obra más importante de Tomás Moro, en la que se plantea el problema de la legitimidad y la fundamentación del poder y que inaugura el pensamiento político de la modernidad, con Maquiavelo (El príncipe) y La Boétie (Discurso de la servidumbre voluntaria).
Santo, caballero, canciller de Inglaterra, escritor y mártir, Tomás Moro nació en Londres el 7 de febrero de 1477 y fue ejecutado en la siniestra Torre en julio de 1535. Fue canonizado por Pío XI en 1935 y declarado patrono de gobernantes y políticos por Juan Pablo II, en el año 2000.
Tomás Moro vivió una extraordinaria carrera política en Inglaterra, su país. En 1504, bajo el rey Enrique VII, fue elegido por primera vez para el Parlamento; Enrique VIII le renovó el mandato en 1510 y lo nombró representante de la Corona en la capital.
En 1529 Moro asumió el cargo de canciller, pero su destino sufrió un revés cuando rehusó apoyar a Enrique VIII en su gestión ante el papa Clemente VII para obtener el divorcio de Catalina de Aragón y poder casarse con Ana Boleyn. El rey resintió de tal manera la actitud de su antiguo amigo, que lo encarceló en 1534. El año siguiente fue juzgado y murió decapitado el 7 de julio de 1535.
Tomás Moro era estimado por todos por su indefectible integridad moral, su agudeza de ingenio, su carácter alegre y simpático y su erudición extraordinaria. Fue el primer laico en ocupar el cargo de canciller, desde el cual afrontó un período extremadamente difícil, esforzándose por servir al rey y al país. Fiel a sus principios trató de promover la justicia e impedir el influjo nocivo de quienes buscaban sus propios intereses en detrimento de los débiles.
Entre las razones que Juan Pablo II tuvo para nombrar a santo Tomás patrono de los gobernantes y políticos, estuvieron la necesidad que siente el conglomerado público y administrativo de modelos creíbles, que garanticen honestidad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades. En efecto, fenómenos económicos innovadores están modificando las estructuras sociales, no solamente en El Salvador, sino que en todo el tercer mundo. Por otra parte, las promesas de una nueva sociedad exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados.
La historia de santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En esto reside el principio primordial de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.
En este contexto es útil volver al ejemplo de santo Tomás Moro, quien se distinguió por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, precisamente porque en ellas quería servir, no al poder, sino al ideal supremo de la justicia. Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de integridades. Convencido de este riguroso imperativo moral, el estadista inglés puso su actividad pública al servicio de la persona, especialmente si era débil o pobre; negoció las controversias sociales con exquisito sentido de equidad; tuteló la familia y la defendió con gran empeño y promovió la educación integral de la juventud.
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