La demostración más clara de que no hay una fuerte voluntad política para detener y luego reducir la ola de criminalidad es la negativa de la izquierda para dar sus votos para que inicien las escuchas telefónicas
Editorial. 15 de Febrero. Tomado de El Diario de Hoy.
Muy poco tiempo pasaron detenidos los cuatro acusados de asesinar a Estrellita y a su compañera, dos niñas de dieciséis años, un suceso más en la macabra sucesión de horrores que es la realidad cotidiana de El Salvador. Los soltaron "por falta de pruebas", y es por "falta de pruebas" que más del ochenta por ciento de homicidios queda impune en esta ensangrentada tierra.
Vamos al otro extremo de la realidad judicial de El Salvador. Cuando se trata de "delitos contra el honor", de querellas contra empresas e instituciones, de demandas que serían rechazadas en cualquier país bajo un Orden de Derecho, lo que plantea el acusador de inmediato se constituye en prueba suficiente para iniciar costosísimos procesos, cuya finalidad es llevarlos al punto de la "conciliación": o el demandado paga el rescate, o lo mandan a la cárcel. Cárcel para el hombre de negocios, el periodista o el banquero, pero no para los asesinos de Estrellita.
Estrellita fue asesinada y al horror de su muerte se agrega el espectáculo de ver cómo salen libres los que la Fiscalía señaló como sus asesinos. Y eso sucede día a día, con el agravante de que cada mes el número de homicidios y agresiones se incrementa, como igualmente va en ascenso la barbarie con que se perpetran.
¿Puede alguien olvidar, así no más, la desgarrante escena de la madre de Estrellita frente a su cadáver? Y eso está sucediendo en todo el país: los jóvenes que rehúsan incorporarse a las pandillas quedan en riesgo de ser descuartizados.
A los niños y adolescentes de El Salvador les están robando su alegría, su inocencia, sus ilusiones y, a muchos, su vida. Corren riesgo de perder sus buenos sentimientos, su natural afabilidad, su espontáneo cariño a otros. De amar pueden pasar a odiar.
Planes para combatir la criminalidad hay, pero parten de premisas erradas, carecen de dientes, son imprecisos y, en numerosos aspectos, no pasan de ser palos de ciego. Dar prioridad a la prevención es no entender en su plena dimensión, el espanto que se vive día a día en barriadas y áreas bajo control del crimen organizado.
La demostración más clara de que no hay una fuerte voluntad política para detener y luego reducir la ola de criminalidad es la negativa de la izquierda para dar sus votos para que inicien las escuchas telefónicas como se realizan en todas partes: bajo pleno control de fiscales y por personal no sólo especializado, sino muy depurado, absolutamente confiable. Nadie quiere eso de "Toño, te aviso que tienes los teléfonos pinchados. Tú sabes que yo valoro la amistad sobre todas las cosas…".
Asesinaron a Estrellita y a otra niña
Las escuchas son, además, parte del engranaje de alianzas, intercambio de información y trabajo de equipos muy profesionales y de los países afectados, para averiguar la forma de operar de las redes de delincuentes, sus estructuras de mando, sus conexiones internacionales, sus movimientos. El crimen no sólo involucra desde grupos terroristas como las FARC hasta el trasiego de droga en Tijuana, sino también el tráfico de personas, el contrabando, las comunicaciones desde las cárceles, el lavado, etcétera.
Estrellita fue asesinada, asesinada cuando todavía era niña, por las diabólicas fuerzas que mueven Hezbollah, el cultivo de coca en Bolivia, el contrabando centroamericano y las pandillas.
elsalvador.com :.: "Te aviso, amigo Toño, que están oyendo tu teléfono"
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