Escrito por Rafael Antonio Mendoza Mayora. 04 de Marzo. Tomado de Contra Punto.
Debates sobre la muerte de un disidente cubano después de una huelga de hambre
SAN SALVADOR
- La muerte del ciudadano cubano Orlando Zapata es conmovedora. Toda muerte que ocurre por causas no naturales es conmovedora. Y cuando lo es por causas políticas lo es aún más porque, además, lesiona las esperanzas de una parte de la sociedad. Cuando en mi país, El Salvador, fueron asesinados tantos compatriotas que luchaban por alcanzar esto que se parece a una democracia, las esperanzas de alcanzarla eran lesionadas. Una parte de la sociedad, la oprimida, la consecuente con la lucha emprendida para alcanzarla, soportaron esas muertes con el más terrible dolor que un pueblo puede sentir. Pero siguieron en la lucha. La otra parte, la de quienes a toda costa trataban de impedir el triunfo de la justicia, la razón y la libertad, lejos de cejar en los asesinatos de compatriotas, afinaban sus métodos de exterminio financiados por los Estados Unidos y no respetaron ni los sagrados recintos eclesiásticos o académicos para dirigir su puntería a los más claros y notables pensamientos de nuestra historia, creyendo, torpemente, que acabando con los pensadores se acaban las ideas. La Historia ha probado mil veces que no es así.La muerte del ciudadano cubano Orlando Zapata es conmovedora. Quizás no tanto como la de Frank País, el héroe cubano a quien en vida le sacaron los ojos antes de asesinarlo; quizá no tanto como la de muchísimos más cubanos que murieron en atentados como los que planificó e hizo ejecutar el asesino Posada Carriles. Quizás no tanto como la de tantos americanos que los tiranos que se instalaron en el poder en estos países con anuencia de los EE.UU., eliminaron bajo los métodos más ruines, como es el caso del Plan Cóndor en Argentina y Chile o las masacres de El Sumpul y El Mozote en El Salvador. La señora Hilary Clinton, actual Secretaria de Estado de esa nación del norte, ha puesto el grito en el cielo con la muerte del señor Zapata Tamayo pero, ¿habrá oído ella hablar del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado a sangre fría por un salvadoreño que disfruta de ciudadanía norteamericana en el país que ella representa? ¿Conocen ella y el señor Obama la tragedia de los jesuitas asesinados en la UCA? Ojalá que en este próxima gira que ella emprenderá por América se entere de tantos casos similares. Hay muertes que conmueven tanto que mueven pueblos e Historia. Y hoy toda la América se está moviendo.
Como escritor y como profesional del Derecho siempre dije que si en el mundo no hubiera existido la explotación del hombre por el hombre, jamás hubieran florecido las ideas socialistas ni mucho menos las comunistas. El mundo hubiera sido otro. Un mundo justo. Un socialismo original. Tampoco, obviamente, hubiera existido el capitalismo. Y ahí está el problema, el de la explotación. Y nunca hemos sabido que el capitalismo sea el explotado. Todo lo contrario. El capitalismo ha subyugado a los pueblos para recrearse en su dominación, ahora global. Y todo crédito en dólares que hace “misericordiosamente”, tiene intereses y réditos tremendamente crueles, seculares. Véase como los grandes banqueros norteamericanos y sus colegas internacionales provocaron cínicamente esta actual crisis mundial. Y de ahí las contradicciones.
Cuba quiso cambiar esa relación de dominante a dominado. Lo ha hecho durante cincuenta años. Más de diez millones de cubanos tienen conciencia de eso. Sólo un sector menor de esa sociedad ha disentido con esa conciencia porque disidencia siempre habrá en cualquier sociedad. En la estadounidense sigue habiendo muchísima contra las guerras que su gobierno emprende. En Cuba, la disidencia generalmente está integrada por quienes ambicionan todo el abanico de anzuelos que el capitalismo les ofrece desde Miami, pues no les basta con tener una sociedad que es paradigma americana en salud, en educación, en deporte, en avances científicos y en cultura; a los disidentes no les interesa ser sino tener, entrar a “la vida loca”. Y estoy seguro de que sin el bloqueo, Cuba podría incluso producir algunos de esos anzuelos o adquirirlos para calmar a quienes se dejan alienar por los productos o servicios que ofrecen las grandes transnacionales en el mundo.
Ciertamente, la muerte del ciudadano cubano Orlando Zapata es conmovedora. Pero no estaba encarcelado simplemente por ser un disidente, pues andan libres tantos otros que están en contra del gobierno cubano, como la joven Yoanis Sánchez, que se ha hecho internacionalmente famosa con su blog o las Damas de Blanco que realizan sus actividades en las calles; si a éstas en algunas ocasiones se les ha obligado a retirarse por la fuerza de donde se sitúan en sus protestas, es porque estorban el tráfico regular de vehículos y personas. No. El señor Zapata oponía una activa y permanente reacción contra el personal de la cárcel, y su última medida de presión fue declararse en huelga de hambre como chantaje. Su muerte conmueve, pero más aún porque este señor pudo haber recapacitado en su conducta y realizar acciones que le permitieran que su condena fuese reducida para obtener su libertad. Ahora andaría en la calle con otros compatriotas que son disidentes y no son encarcelados por serlo. De hecho, se sabe que solo hay 65 presos opuestos al régimen que han sido calificados como “de conciencia” por Amnistía Internacional.
En Cuba la disensión está siendo financiada por el capitalismo. Con dinero y con piratería mediática (por ejemplo Radio Martí). Y el señor Zapata era un disidente. Se oponía a lo que todo el pueblo cubano defiende: su independencia, sus conquistas en todos los campos ya mencionados, sus esfuerzos por sobrevivir con dignidad contra el bloqueo. Se oponía y con esa oposición, al recibir su cuota de ese financiamiento clandestino, no le importaba que el país que se lo daba y le seducía con las maravillas del mercado, era el mismo que tenía encarcelados a cuatro compatriotas acusados injustamente de espías. Y esos, señores de Amnistía, ¿no son “presos de conciencia”? Por lo tanto, si los EE.UU. contribuyen a fomentar y financiar la disidencia en Cuba, son ellos los culpables de esa muerte que conmueve y que mueve a los más feroces detractores de la Revolución Cubana a redoblar sus ataques contra ella: si el capitalismo alienta la disidencia, la contrarrevolución, el bloqueo, es responsable de lo que la disidencia coseche por sus acciones antipatrióticas. La consigna revolucionaria de los cubanos conscientes siempre fue “Patria o muerte”. El señor Zapata no escogió lo primero, soportar el bloqueo y las limitaciones pero defendiendo la dignidad de su Patria como el resto de cubanos. No, él escogió lo segundo. Lamentablemente.
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