Escrito por René Martínez Pineda(Coordinador General del M-PROUES). 05 de Marzo. Tomado de Diario Co Latino.
La ignorancia y la desmemoria, maestras meritísimas de la vida ciudadana (cuando se vive con doscientas palabras comunes, cinco kilómetros cuadrados de planeta, seis dólares diarios, y una estrella como universo) le enseña a mentir a la realidad, y ésta –alumna aventajada- lo hace bien. En esas estoy, cuando descubro que descubrir el significado de la vida provoca risa o asco y, en el peor de los casos, ambas cosas… porque no hay nada peor que no saber qué hacer, don Chamba; da cólera.
De modo que, saber las cosas es nadar entre la risa y el asco cuando se mira, perplejo, cómo la realidad se desnuda, mostrando que el oportunismo es una virtud, y la estupidez un atestado, en una sociedad que corrompe a su imagen y semejanza, exorcizando una plaza fantasma con otra igual.
Es el clímax del cinismo, Chico; fíjate que en la universidad 8 es un CUM honorifico, y se usa como coartada para no hacer tesis, como si ésta fuese un castigo en lugar de un peldaño formativo y una retribución al pueblo. Sólo falta que, por escatológica idoneidad, quienes aprobaron tal locura académica decreten que las guarderías lleven el nombre de Michael Jackson.
Claro que, todo se puede esperar en un país donde el queso nacional es el “duro-blandito”; los pastores hablan de paz con un fusil en la mano; y los diputados no tienen fecha de caducidad, ni una garantía de fidelidad que permita devolverlos por funcionamiento defectuoso, como hacemos con una licuadora.
Esta hora que sufrimos (tiempo vivido como si fuera un demográfico compás de espera del tronar de dedos, porque es un mero amontonar de vidas pasadas; refugio coyuntural como si fuera el único lugar a la vista para pasar un aguacero, tan copioso como estructural, que terminará siendo una casa eterna) es un adobo de paradojas, verdades a medias y cinismos completos, cuya sopa me hace deambular entre la risa y el asco, sensaciones que son comunes en los países sin memoria y en las mentes exiguas que, por falta de educación notoria o anemia mental, creen en el cuento subjetivo que afirma que existe el “odio de clases”; cuento que, taimado, eclipsa el objetivo actuar de la plusvalía, palabra ésta que, junto a la palabra “dignidad”, se desconocen, debido a que no se tiene un diccionario de bolsillo, aunque éste tenga mucho espacio libre para cargarlo. Pero, no le echo la culpa a la historia, pues, es la gente la que determina la existencia del cambio social, porque la materia es la que determina la forma del tiempo.
Claro que, descubrir que peregrino entre la risa y el asco se debe a que, como maldición, me niego a renunciar a la dignidad que me enseñó la lucha guerrillera; me niego a naufragar en el instinto insano del pensamiento mágico-religioso que fomentan, comercial o diezmo de por medio, los grandes medios de comunicación y los lucrativos circos evangélicos, para que la gente sienta temor u odio por lo ignorado, para que, así, ignore lo que odia… no, profesor, yo no quiero que mi país caiga en las garras del socialismo. ¿Qué es el socialismo? No sé, profesor, pero dicen que es malo.
Ciertamente, el púlpito y el editorial son buenos guisos del miedo profético que, generalmente, tiene como ingrediente principal el cinismo -suavizado en un baño María de ignorancia y prepotencia acéfala- e impide que la realidad escriba su autobiografía.
Ese miedo profético, esa ignorancia anecdótica, ese vahído cultural, no son una cicatriz del no-estudiado, del no-ciudadano, del apocalíptico vitalicio, o sea que no son una causa del no-actuar político (como nos quieren hacer creer) sino que son un efecto de que la “clase política” sienta más miedo del normal en la labor de construir otra sociedad, debido a que, por falta de conciencia y exceso de corrupción, no tiene… los huevos están cada vez más caros y son cada día más pequeños, niña Lupe; así no hay forma de nutrirnos.
Esa mescolanza de risas y ascos sociales, se debe a que lo político no se ha readecuado a favor del cambio en los últimos quince años (por el deterioro del movimiento social y la carencia de liderazgos reales), sino a favor del no-cambio, debido al fortalecimiento del pensamiento reaccionario, la virtualización de las relaciones sociales y la deificación de un consumismo, tan mercantil como ideológico, que lleva a la fetichización de las cosas y la privatización de los políticos… hermano, dicen que necesitamos un candidato potable, bien hablado, moderado, impecablemente vestido, aceptado por el imperio y el gran empresario, aunque después nos demos en la trompa.
Pero ¿qué sentido tiene encumbrar a alguien así, si acabará siendo una piscucha con el hilo rompido? Lo anterior, ha sido una constante histórica independiente de cualquier resultado electoral y, por lo mismo, las cosas que mueven a la risa asqueada son cada vez más descabelladas.
De súbito, cuando creemos haber visto todo acto hipócrita, sale un diputado pidiendo que -en este país donde impunemente se asesinó curas y monjas- se lea la Biblia en las escuelas para fomentar valores y aminorar delitos, lo que nos haría retroceder un siglo, en materia educativa; y un milenio, en materia social, ya que la religión metería manos en la educación.
Sin querer, recuerdo que en el verano de 1925, en Tennessee, un fanático predicador llevó a los tribunales a un joven profesor (Bertram Cates) por explicar en clase la teoría de la evolución de Darwin, y negar la creación divina del hombre, tal y como lo dice la Biblia, y exigió que los niños oraran antes de entrar a clases para no ser presas del mal.
Superando lo anterior, salen unos creyentes afirmando -en un acto que niega, tajantemente, los estudios criminológicos- que “si se aumentan las penas carcelarias se parará el delito”… claro que, eso lo dicen porque en el fondo quieren minimizar, por conveniencia, las causas reales de todo: la impunidad y corrupción.
¿Cuántos presidentes o ministros están presos, no obstante el inexplicable y feroz aumento de sus patrimonios y la cínica corrupción que engorda, entre la risa idiotizada del votante, sus hojas de vida? Estos creen que me chupo el dedo, Óscar Arnulfo. Pero, tarde o temprano –o algún día- vamos a recordar que el recuerdo es la ceniza ardiente de la memoria, y entonces otro gallo nos va a cantar, para que ya no nos cante putas, como hasta hoy, hermana.
*renemartezpi@yahoo.com
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