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2010/03/07

LPG-Poder femenino y serenidad

Escrito por Kalena de Velado.07 de Marzo. Tomado de La Prensa Grafica. 

Cuando una persona, sea hombre o mujer, son rígidos en sus actitudes, pierden la capacidad de influir efectivamente. La severidad turba y oprime a los demás. Hoy se necesitan líderes serenos y flexibles porque la dureza hace traspasar los límites de lo que es justo y razonable, de lo que es proporcionado a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar. Con tanta inseguridad, violencia y tráfico caótico, son frecuentes las escenas de gritos exabruptos ciudadanos. Un ejemplo gráfico es entre buseros, automovilistas y peatones, pues los niños que van en el auto se quedan enmudecidos ante los pensamientos hostiles transformados en frases o gestos violentos que hieren a los demás o a quienes amamos.

Parece que enojarse está a la orden del día. En realidad enfadarse no tiene por qué ser malo si se aprende a hacerlo con equilibrio. Aristóteles afirmaba: “Cualquiera puede enfadarse, eso es muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado adecuado, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, ya no resulta tan sencillo”. Los expertos dicen que a veces convendrá exteriorizar nuestra indignación para remarcar una actitud de reprobación que consideramos conveniente mostrar, pero el problema es que el enojo puede escapar a nuestro control.

En el libro “Educar los sentimientos” (Alfonso Aguiló), leí las consecuencias negativas de perder el control de sí mismos cuando se tiene ira contra el prójimo, o con los hijos o el cónyuge, ya que se pueden decir y hacer cosas que después consideramos desproporcionadas y contraproducentes. Luchemos por calmarnos, lo que no quiere decir reprimirse o enterrar la indignación sin más, sino buscar una salida. En vez de dejarse arrastrar por la cólera, procurar tranquilizarse y buscar una solución del modo más positivo posible, rompiendo la cadena de pensamientos hostiles que alimentan el enojo.

Los estudios de Dolf Zilleman indican que en la raíz de la ira está una sensación de hallarse amenazado. “Una amenaza que puede ser física o psicológica (sentirse menospreciado, frustrado, etc.).” Cuando las personas son provocadas o están cansadas suelen estar más predispuestas a enfadarse. Esto explica por qué al final de un día de trabajo las personas se sentirán especialmente predispuestas a enojarse en el hogar por cosas pequeñas: ruido o desorden de hermanos o hijos o por contrariedades con el esposo. El estado irritable hace sentir mal a quien lo padece.

¿Sugerencias? Aprender a conocerse es un remedio eficaz. Saber bien cuáles son los tipos de pensamientos a los que uno es más sensible, para estar atentos a los primeros síntomas del enfado y poner solución. Aguiló sugiere que, ante una persona impuntual, por decir algo, hay que pensar en una explicación positiva en vez de molestarnos de entrada; esforzarse por callar y no responder a un desaire con otro; al hablar con alguien que no nos cae bien, tener empatía; seguir caminando sin detenerse ante una provocación y otras estrategias demuestran inteligencia emocional y racional alta.

¿Cómo llega una mujer a ser una líder serena? Con el dominio del propio ser; el equilibrio de los juicios; la reflexión sosegada; el cultivo de la propia inteligencia y el control de los nervios y de la imaginación. No un día ni otro, sino en una lucha exigente y firme consigo misma, en perseverancia diaria, sin olvidar que la fe es un principio de armonía. Cuando falta la serenidad se deforma la realidad; se ahoga en un vaso de agua y le afligen con su peso cosas que no deberían turbarla. No hay que olvidar que la fe en Cristo es el verdadero sol del alma.

Poder femenino y serenidad

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