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2010/03/05

LPG-¿Y la fábrica de empleos?

Dejando a un lado sus palabras de agradecimiento por la beca de estudios que el Fomileno había otorgado a su hija —“la Paty”, como él la llama— don Ovidio, un habitante de Nueva Concepción, Chalatenango, con la voz trémula y entre sollozos que revelaban su desesperanza, clamó por ayuda a los asistentes.

Escrito por Elena María de Alfaro. 04  de Marzo. Tomado de La Prensa Grafica.

Don Ovidio contaba que, con mucho sacrificio, había logrado que dos de sus 13 hijos, María Dinora y Noé, se graduaran como bachilleres; desde entonces, han pasado luchando para conseguir un trabajo, sin que hasta la fecha lo hayan encontrado.

Desde donde me encontraba escuchándolo, reflexioné sobre el segundo problema más apremiante de El Salvador: el desempleo. Las súplicas de don Ovidio me hicieron pensar en todos aquellos parientes y amigos, conocidos y desconocidos que se encuentran en la misma situación... demasiados para ser nombrados.

El poseer un título académico y no tener empleo no es algo que sufren únicamente los jóvenes bachilleres, también lo viven profesionales muy bien preparados y personas con amplia experiencia y capacidad para desenvolverse con éxito en diversos puestos. Algunos, los más creativos, han sabido capear el temporal generando autoempleo o estableciendo pequeñas empresas, pero la gran mayoría se la pasa leyendo todos los días las secciones de empleo de los periódicos y enviando los currículum a mansalva con la leve esperanza de hallar un empleo. Como don Ovidio, claman desesperados por una oportunidad, pues tienen que alimentar a sus familias, pagar sus deudas y cubrir sus necesidades más urgentes.

Don Ovidio también me hizo recordar el discurso del presidente Mauricio Funes el día que tomó posesión, cuando mencionó la creación de la “fábrica de empleos”, cuando se comprometió a crear 100,000 puestos de trabajo en 18 meses... cuando hizo que muchos le creyeran y le dieran el beneficio de la duda. Fue esa una promesa que despertó mucho interés y curiosidad entre los desempleados, pero que también nos hizo pensar a algunos cómo podría hacer posible su promesa en medio de una crisis, de la desconfianza y sin haber dado a conocer la ruta que seguiría su gobierno.

Han pasado 240 días desde que el presidente Funes asumió el poder. Su plan “quinquenal” (para los cuatro años y tres meses que le restan a su período) aún se desconoce. La fábrica de empleos todavía es una promesa incumplida, las cifras aún están muy por debajo de la meta propuesta, quizá en parte por las continuas afirmaciones del FMLN sobre su visión socializante y su marcada preferencia por la línea política de Venezuela y Cuba. Todavía no se sabe a ciencia cierta cuál es el rumbo que tomará su gobierno; las reglas no están claras; la inseguridad sigue en aumento, y en lo único en que el presidente se aplica con dedicación es en la continua discusión mediática entre él y el FMLN, creando un clima de incertidumbre política y económica.

El problema del gobierno radica en su enfoque, pues no ha sido electo para crear empleos, sino para generar la confianza y las condiciones propicias para la inversión productiva y permanente, pero lo que sucede es lo contrario. Un gobierno empleador no es el mejor administrador.

Lo que el país necesita para que las oportunidades de empleo mejoren es mayor seguridad jurídica y física, confianza y dinamismo para que las empresas inviertan a mediano y largo plazo, y mayor inversión pública en salud, educación y capacitación técnica. Hay que promover la competencia entre los estudiantes premiando a los mejores. Se requiere crear líneas especiales de crédito, otorgar garantías para las pyme y darles los recursos que necesitan para crecer. Mientras tanto, los empresarios debemos procurar el crecimiento de nuestras empresas, siendo más innovadores y creativos, diversificando nuestra oferta, accediendo otros mercados, contribuyendo así al desarrollo económico. Solo así los sueños de miles de personas de obtener un trabajo estable y digno como los hijos de don Ovidio, podrán ser cumplidos.

Adicionalmente, tanto la derecha como la izquierda política deben dejar sus posiciones tradicionalmente radicales que las alejan y ponen cada vez más en contra. Mientras tanto, los ciudadanos nos encontramos bajo fuego cruzado, y viendo cómo se disipan nuestras posibilidades de progreso y desarrollo. La población clama por seguridad y por empleo, factores clave para el mejoramiento de la calidad de vida humana.

¿Y la fábrica de empleos?

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