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2010/03/09

LPG-El realismo debe ser la norma del buen gobierno

En el país, para el caso, el realismo indispensable aconseja crear confianza, practicar una política pública de austeridad y efectividad, y sobreponer una visión nacional a cualquier concepción ideológica, de imagen o de intereses de sector o de grupo.

Escrito por Editorial. 09 de Marzo. Tomado de La Prensa Grafica.

Y esto lo decimos en todos los sentidos, no solamente como principio aplicable al quehacer gubernamental, aunque sea en ese campo donde más puede significar para todos el que se actúe de manera estrictamente realista respecto de las situaciones, las estrategias, las prácticas y los recursos.

Un ejemplo patente de lo que es pasar de los golpes de efecto a las políticas realistas es lo que ha pasado con el caso hondureño, desde que se dio el grave episodio golpista el 28 de junio pasado. De inmediato, la comunidad internacional reaccionó en contra, como era de esperar ante un quebranto semejante, con los países centroamericanos a la cabeza; pero al mismo tiempo empezó a tomar forma un error garrafal: personalizar el acontecimiento en Manuel Zelaya, cuyas acciones en buena medida habían provocado el trastorno. En vez de defender seriamente la constitucionalidad democrática se puso énfasis en acuerpar la histeria del ilegalmente depuesto; y hasta se condenaron de antemano los resultados electorales de los comicios convocados antes del evento golpista. Hoy, el realismo se ha impuesto por su cuenta, y la corriente es hacia la normalización de relaciones con el nuevo Gobierno hondureño, como tiene que ser.

Y es que en verdad el realismo debe aplicarse a todo, y en especial cuando hay un ambiente crítico como el que nos toca transitar en estos días, en el mundo y en el país. En el país, para el caso, el realismo indispensable aconseja crear confianza, practicar una política pública de austeridad y efectividad, y sobreponer una visión nacional a cualquier concepción ideológica, de imagen o de intereses de sector o de grupo. Y hacer que se sienta así.

Gestión y verificación

Hay en el ambiente varias iniciativas que están implementándose o por implementarse en lo inmediato. Entre ellas, el Plan de Seguridad y el Plan Quinquenal del Gobierno son las más visibles. En ambos casos, se pondrá a prueba, en el plano de los hechos cotidianos, la capacidad de conexión entre lo planteado y lo necesitado en la realidad. Un sano concepto del acompañamiento responsable nos hace esperar efectos positivos en ambos campos, el de la seguridad y el del desarrollo; pero a la vez la misma responsabilidad obliga a mantener una especie de observatorio crítico en función de lo que pase y de lo que debería pasar.

Hay dos cosas que habría que asegurar siempre de aquí en adelante, en vista de la larga y en gran medida traumática experiencia acumulada en el país: el buen desempeño de la gestión y la verificación confiable de la misma, desde fuera. Es lamentable que todavía no se haya podido concretar la legislación sobre transparencia y rendición de cuentas. Hay que seguir trabajando y pugnando por ello, ya que si algo debería ya pertenecer sin discusión ni pretextos al pasado definitivamente superado es la nebulosa de la impunidad, en todos los órdenes y niveles.

Implantar la cultura de la verificación es urgente. El mejor ejemplo de su eficacia es el mismo Acuerdo de Paz, que si no hubiera tenido calendario preciso y verificación confiable y eficiente todavía estaría en el limbo de los cumplimientos eventuales.

El realismo debe ser la norma del buen gobierno

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