Las coacciones, procesos y la amenaza de cárcel a periodistas y editores son nutrientes de la dictadura, las formas en que se silencia a la población y se persigue a los críticos
Editorial. 11 de Marzo. Tomado de El Diario de Hoy.
En un país en el que secuestradores, homicidas, narcotraficantes y toda suerte de criminales salen libres de un día a otro por "falta de pruebas", es suficiente que alguien acuse a un periodista o medio de difusión de haberle difamado para que se monten largos procesos en su contra, procesos que se convierten en secuestros legales y graves multas: o pagas rescate (la "conciliación") o vas a la cárcel.
Hay un repugnante contraste entre lo que sucede la mayoría de veces cuando la Fiscalía presenta pruebas contra mareros y narcos para que por tecnicismos las desechen, a lo que era regla de que se armaban procesos porque un sujeto declaraba sentirse ofendido "en su honor" por opiniones o noticias publicadas. Y además de montar proceso, el acusador fijaba la pena contra el medio encausado, usualmente de varios millones de dólares.
Las coacciones, procesos y la amenaza de cárcel a periodistas y editores son nutrientes de la dictadura, las formas en que se silencia a la población y se persigue a los críticos. A los que difaman e insultan por la Internet, distribuyen hojas sueltas en colonias, calumnian sectores o partidos, ultrajan en la manera más vil imaginable, no se les procesa. Inclusive hay grupos a la sombra de movimientos políticos cuyo único quehacer es el envío de correos a programas de radio y televisión, y montar campañas injuriantes contra opositores. En los años previos a la agresión guerrillera contra el país, los pasquines, hojas sueltas difamatorias, las cartas anónimas eran lo cotidiano, lo que se encontraba debajo de la puerta.
Contra esa lacra no hay acción alguna. Las baterías legales son todas contra los profesionales y medios que trabajan de cara al público, no contra los anonimistas y los que hacen de la difamación su modo de vida.
La dictadura comienza con mordazas
Los más interesados en cuidar la veracidad en la exposición de hechos o los fundamentos de la crítica son los periodistas y los medios de difusión, no porque se les amenace con procesos penales sino porque su credibilidad es la base de su misma existencia. Los grandes medios de difusión tienen que ganarse cada día la confianza de sus lectores y sus oyentes. Cuando uno se equivoca, es usualmente el primero en rectificar el error.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, organización que defiende la libre expresión y la democracia, la primera instancia hemisférica en la materia, ha establecido que la penalización a la libertad de expresión se vuelve un medio indirecto para censurarla.
"El Artículo 13 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos dispone claramente las limitaciones a la libertad de expresión, las cuales deben ser excepcionales", determinó al resolver en primera instancia en el caso de Ricardo Canese en agosto de 2004.
La declaración de la CIDH es una de las más recientes, de toda la jurisprudencia y enunciados que protegen el derecho a decir, denunciar, criticar, apoyar, debatir e informar, como el fundamento esencial de la democracia y de las libertades de la persona y de la sociedad.
La libertad de expresión es un derecho fundamental que se enuncia en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, emanada de la Revolución Francesa y en la Constitución de los Estados Unidos. Fue asimismo el sostén espiritual de la democracia ateniense y lo primero que persiguen las dictaduras y los fanatismos.
elsalvador.com :.: No les molesta el crimen pero les molesta la crítica
De que diablos hablan estos? No saben que la CIDH exige el esclarecimineto de varios cirmenes que ellos mismo se han negado a esclarecer! Este articulo lo deben haber escrito con las patas y con bastante alcohol en la sangre. Ayudanos Sr si esto fue escrito en estado de sobriedad!!!
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