La vía más segura al desastre económico es la fijación de precios, la politización de cargos técnicos y la carencia de reglas claras y seguridad jurídica. Y desastre económico es hambre "del pueblo"
Editorial. 05 de Marzo. Tomado de El Diario de Hoy.
Debajo de la piel de oveja de rebajar "al pueblo" el costo de las llamadas telefónicas, los rojos tenían escondidito un monstruo: la regulación forzada de todo lo que tiene que ver con comunicaciones, incluyendo programas televisivos, de radio, servicios de Internet, cable, telefonía…, la intención era caerle encima a la industria con un solo plumazo, con dispensa de trámites. Lo lamentable es que, por su buena fe, el resto de partidos políticos, a los que ciega siempre su afán de beneficiar "al pueblo", se subió a la carreta.
No nos defiendan compadres.
Igual con el incontrolable brote de dengue en una época del año cuando no hay dengue. Es tan abismal la incapacidad de los actuales responsables de Salud Pública que surgen infinitos enjambres de mosquitos en los meses más secos, para lo cual será necesario llamar brigadas de "médicos" cubanos para que nos libren de esa mortal plaga.
Los diputados rojos no sólo ignoran de telefonía, sino que mienten al decir en entrevistas televisivas que las empresas telefónicas habían recuperado sus inversiones en un par de años y que ahora iban a seguir "esquilmando al pueblo" sin que les costara un centavo adicional.
La realidad es siempre muy distinta de lo que imaginan grupos que, como lo señaló el doctor Parker del PDC en TCS, nunca sembraron un árbol o crearon un empleo decente. En la actualidad la producción de casi todo requiere de incesantes inversiones para mantenerse competitiva, aunque haya trapiches de caña que tengan un siglo de estar moliéndola. Un labriego que siembra milpas en laderas puede continuar haciéndolo con utensilios que heredó de sus ancestros, pero allí se termina el aporte de los tradicionales medios de producción: para levantar esa cosecha el buen hombre requiere de fertilizantes, insecticidas y semilla mejorada, todo lo cual producen empresas que compiten unas con otras y que, por lo mismo, necesitan invertir para no desaparecer.
El tsunami de los incapaces
Todas las empresas de telefonía, sean las inalámbricas o las de línea fija, invierten centenares de millones cada año para continuar dando servicio y no ser desalojadas del mercado. Y esta inversión es más en conocimiento -–estamos en la centuria del conocimiento— que en máquinas, en lo puramente material. Cuando Marx hablaba de entregar a los trabajadores los medios de producción, nunca pensó en la imposibilidad de pasar conocimientos, experiencias, iniciativa y esfuerzo de Juan a Pedro.
Para ponerlo de otra manera, lo que faculta a una empresa a competir frente a sus rivales es la capacidad de quienes la dirigen para incorporar de manera permanente tecnología punta y saber adaptarla al más bajo costo, para así brindar mejor o igual servicio. La competencia entre unos y otros es lo que permite bajar los precios y/o mejorar calidades; la función de los entes reguladores es asegurarse de que la competitividad se mantenga, no establecer precios. Y la función de una legislatura es asegurarse de que esas entidades reguladoras estén en manos de personas conocedoras y capaces, no de individuos nombrados a dedo por el salario. No tarda el país en sufrir el tsunami de la incompetencia.
La vía más segura al desastre económico es la fijación de precios, la politización de cargos técnicos y la carencia de reglas claras y seguridad jurídica. Y desastre económico es hambre del pueblo, el pueblo real, no el inventado.
elsalvador.com :.: Bajo la piel de oveja escondían a un monstruo
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