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2010/03/05

Co Latino-Entre la risa y el asco (2) | 03 de Marzo de 2010 | DiarioCoLatino.com - Más de un Siglo de Credibilidad

Escrito por René Martínez Pineda(Coordinador General del M-PROUES). 05 de Marzo. Tomado de Diario Co Latino.

Los anteriores son simples actos de cinismo o ignorancia que dan risa, como el hecho de que hagan vencer los documentos el mismo año… porque en río revuelto. Lo peor es el asco que provoca saber, por ejemplo, que el requisito para ser ciudadano, con todos los derechos, es tener 21… pero de coeficiente intelectual; saber que no se puede luchar contra el pillaje de la gran empresa que, por sus amistades en el segundo círculo infernal de la política, se convirtió en una extorsionadora idéntica a la que enfrenta el peatón…
Dígame, señor juez ¿cuál es la diferencia entre que me pidan “renta” por no matarme, y que me digan que si no me dejo seguir robando (tax free) van a fomentar el desempleo? ¿Cuál es la diferencia entre la renta y el pago extra de la garantía de un televisor que, se supone, va incluida de facto?
¿Y entre el hurto de un dólar en el bus y que hagan desaparecer el dinero de mi saldo telefónico porque ya expiró, como si fuera una picosa flatulencia que se desvanece por inhalación propia? ¿Dónde está ese pisto flatulenciado? ¿Estoy a punto de que me digan que no se debe frenar la delincuencia, porque el agente de seguridad privada quedará sin empleo, y eso destruye la seguridad jurídica y el espíritu empresarial? Claro que, hay actos merecedores de premios especiales.
Por ejemplo: tenemos un documento “único” de identidad que no es único, siempre hay que acompañarlo con otros papeles; el penal más grande se llama “La Esperanza”, de modo que cuando nos dicen que somos un pueblo con esperanza, significa que somos sentenciados cada cinco años a seguir como reos del hambre; hay dirigentes estudiantiles que llevan quince años estudiando su pregrado, porque no quieren perder la calidad de líderes.
Reconozco que, denunciar y combatir esas obscenidades patrias es algo urgente que demanda recobrar la dignidad, para no caer en la apatía, el caudillismo, el caos tutelado y la pérdida de la soberanía… según el mapa, profe, las Malvinas son argentinas. Pero ¿por qué aparece en ellas la bandera inglesa? Para quien da risa o asco; para el usurpador de la dignidad; para el matarife de la identidad y la palabra, la tradición de lucha que, contracultura, reivindican algunos, no es más que una malcriadeza del antisocial. Pero, en un grito de calle cabe la realidad; un gesto expresa el talante; un rito contiene a la cultura, porque el todo habla a través de la parte, por eso somos capaces de meter un camello por el ojo de una aguja.
La cultura burguesa -cultura del desarraigo del pobre, porque le niega un ombligo y una nación- descose la vida pasada al impedir que se hilvane la realidad presente y, con ello, prohíbe diseñar el futuro. Eso nos impide conocer la dimensión del poder que tienen los que no tienen mucho, incluidos los que, tontos, creen que algo tienen.
Si sabemos que las telefónicas nos roban saldos, tarifas y palabras ¿por qué el partido del pueblo no le pide a sus militantes más fieles –digamos quinientos mil- que cierren su línea fija y dejen de comprar, por dos meses, tarjetas prepago? ¿Quién ganaría la guerra entre clientes y empresa? Y si la estrategia es tan simple ¿por qué es tan difícil impulsarla? ¿Pesa más, en la balanza digital, la alienación que la conciencia?
Lo que pasa es que la historia oficial sigue viva; esa historia que nos formó recitando la oración a la bandera, creyendo en la sangre azul del patrón, y que olvida -entre muchas cosas que no quiere recordar- la fuente de la riqueza originaria y la lógica voraz de la actual, nutrida con los centavos del salario y la remesa. Esa riqueza, que ya comió del árbol prohibido, proviene del hambre y con ella se nutre sin que le supure la memoria. Los aún dueños del poder se atan al pasado -creyéndolo un mástil- para negar que el presente se mueve, y eso nos convierte en un pueblo de momias.
En este país, se nos obliga a estudiar a los próceres que cambiaron el mundo hace dos siglos y, a la vez, nos fomentan el temor y el asco por quienes quieren cambiarlo el miércoles. Los medios de comunicación que hacen negocio con el miedo, difunden el auto-asco: nuestros niños aman a Harry Potter y se avergüenzan del Cipitío.
Pero, el problema –según los doctores en ciencias sociales- es que yo hablo de la realidad como si hablara con mi mujer; como si fuera una paisana de carne y hueso; como si fuera el confidente de sus penas y alegrías.
A ratos hablo de ella como en un soliloquio, y eso es peor si se ignora que nosotros somos, como parte, un símbolo de la realidad, que es el todo. Lo que pasa en el país –no quise usar la palabra “ocurre”, porque para nosotros la realidad pasa y nos pasa encima- pasa aunque no lo sepa, y los actores de su relato son gentes que aman y odian, como yo, de modo que analizar la realidad no es más que una caminata del “yo” al “nosotros”, bordeando el sendero del “ellos”, o sea que es un prestarle mi lengua para que se lama las heridas.
No comprender la realidad en su riqueza y pobreza; no saber cuándo debemos reír o vomitar es un nosotroscidio, que es otra forma de llamar al suicidio cultural. Cuando niño, en las escuelas nos enseñaban que el país se salvó de los indígenas y los ladrones gracias al General Martínez, que casi extinguió a los primeros y burocratizó a los segundos.
La reiteración de lo que da risa o asco es un robo del alma mediante el despojo de la dignidad: el basurero, la cantina, el puterío, habitan en el barrio pobre, pues, lo importante no es que sepan que son pobres, sino que lo sientan. El salvadoreño es un ser sin salvación, un ojo vaciado, un no-gente. El politólogo virgen -que habla de política como si supiera de qué está hablando- usa la coartada de la erudición: para salvarlo del oscurantismo, hay que civilizar al pueblo ignorante porque no está listo para el cambio.
Desde siempre, la discriminación social se ha disfrazado de populismo, porque se cree que el pueblo es autor de folclor y pirata de cultura, porque en él “la medida no hace al fenómeno”. Sin tomar en cuenta a los políticos que se hacen pastores ¿hay algo que dé más asco en este mundo?
*renemartezpi@yahoo.com

Entre la risa y el asco (2) | 03 de Marzo de 2010 | DiarioCoLatino.com - Más de un Siglo de Credibilidad

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