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2009/10/08

Una víctima de tortura puede superar su trauma sólo con la justicia

Escrito por Nicolás Ceróny Patricia Meza. Jueves 08 de Octubre. Tomado de Diario Co Latino.

Sentado en las sillas rojas de Diario Co Latino, esperó casi una hora para contar su historia, tiempo que no significó nada comparado con los 12 años que sufrió en silencio al callar la verdad, que quedó escrita en las paredes de la extinta Policía Nacional.

Y es que Carlos Mauricio, quien sufrió torturas en las década de los 80´s, no solo logró sobrevivir a la represión, sino que logró ganar la batalla en la que la justicia estadounidense condenó a Eugenio Vides Casanova y Guillermo García, dos ex generales salvadoreños, por violaciones a los Derechos Humanos.

Sin embargo, el trauma de Carlos no terminará hasta que la justicia le devuelva la dignidad perdida al ser acusado de “guerrillero”.

“En El Salvador, la impunidad se ha mantenido, la gente que ha sufrido torturas, golpizas brutales, fracturas, explosión de órganos internos, violaciones y ahogamientos en una pila llamada “submarino”, no quieren recordarse porque se llora mucho. A mí me tomó aproximadamente 12 años contar esta historia”, dijo Carlos.

Ahora, su fuerte es el tema de la tortura, y se ha convertido en un activista y pacifista que busca que otras víctimas de violación a los Derechos Humanos también reclamen y puedan contar su historia.

Esto lo ha llevado a diferentes países como Bolivia, en donde los primeros seis meses del gobierno de Evo, las ansias por la justicia eran evidentes en el proyecto “Alto a la Impunidad”, al cual Carlos pertenece y que lo ha motivado a trabajar.

De piel morena, con un metro 60 de estatura y una voz fuerte y segura, este hombre está convencido de que “ser sobreviviente” de los años 80´s y haber sufrido en carne propia vejámenes como estar encapuchado, recibir golpizas brutales, y soportar “choques eléctricos”, le ha permitido conocer el sufrimiento de todos aquellos que fueron torturados y desaparecidos durante la Guerra, cuya cifra totaliza más de 75 mil víctimas.

Cuando fue capturado, Carlos era maestro de la Universidad de El Salvador. “Un Escuadrón de la Muerte me fue a sacar del aula donde daba clases. Estuve detenido y desaparecido durante dos semanas y media, de las cuales, 10 días fui torturado en el edificio de la Policía Nacional de El Salvador”, recordó.

Sin embargo, la suerte estaba a su favor, porque logró salir de allí con vida, pero como muchos, la única opción que le quedó fue irse con su familia a los Estados Unidos en 1983.

En esa época era común que el gobierno capturara a mujeres y hombres, estudiantes de secundaria, universitarios, obreros, campesinos,  entre otros,  acusados de “subversivos”, por lo que eran llevados a la cárcel de Mariona, al Penal de Santa Tecla y a la cárcel de mujeres de Ilopango.

Pero el encierro no detuvo la organización, y estos prisioneros formaron el Comité de presos políticos de El salvador (COPPES) que se caracterizó por ser una organización muy combativa y de denuncia.

Carlos vino al país porque participó el fin de semana pasado en una reunión de ex presos políticos. “He venido con la idea de presentar un proyecto a los compañeros reos políticos, para que aquí en El Salvador tengamos un museo en donde estemos representados los sobrevivientes de las torturas”, comentó.

Además, porque existe un montón de voces de denuncias contra los torturadores, sin embargo, “falta escuchar la voz de los sobrevivientes”, expresó.

Carlos cree que es necesario retomar la denuncia a raíz de que hoy, se tiene un gobierno democrático en el contexto de la lucha por la justicia y la democracia en El Salvador.

Según él, por fin se han decidido a hablar y a organizarse nuevamente. “La tortura debe ser reconocida, para sacar desde dentro todo ese dolor imborrable que dejan las agresiones físicas y mentales”, reconoció Carlos.

“Antes, estábamos bajo el gobierno fascista, en el que los mismos que torturaron ejercían el poder”, reflexionó.

Y es que a él la oportunidad de denunciar su caso le llegó viviendo en Estados Unidos, donde le pidieron acusar a Vides Casanova y a García.

La organización Centro para la Justicia y Rendimiento de Cuentas, con fondos de Amnistía Internacional fueron las instituciones  promotoras de esta iniciativa.

Los abogados buscaron a Carlos y lo invitan a participar junto a 80 más que fueron entrevistados. La mayoría dijo que no y solo 3 aceptaron el reto: el doctor Romagoza, Neris González y él.

“Yo decidí acusarlos porque era importante buscar justicia y curar mis heridas, ellos fueron enjuiciados en Florida y ganamos el caso”, comenta con orgullo.

Pero también reflexiona que durante el juicio se dio cuenta de que se tiene la obligación de contar la historia de muchos que fueron asesinados torturados y que hoy no pueden contarlo.
“No se debe repetir esto, tuvimos Estados terroristas responsables de crímenes contra la humanidad, además, la tortura no prescribe porque es un crimen de lesa humanidad”, agregó.

“Vides Casanova vivía lujosamente en la Florida, con yate, mansión, carros de lujo, negocios. Esto fue en el 98, estaba en auge la detención de Pinochet en Inglaterra, entonces a la abogada Paty Bloo se le ocurrió que podíamos denunciar a García y a Vides Casanova”, dijo.

Y fue así como se empezó también con la tarea de buscar víctimas de torturas, nadie quería acusar. En noviembre, vendrán los que llevan el caso contra la Tandona y el asesinato de los jesuitas. “Los crímenes que ese grupo de la tandona cometió fueron graves, fueron crímenes contra la humanidad, no tienen prescripción ni amnistía que los cubra, la amnistía que Cristiani les dio es ilegal”, enfatiza Carlos.

Las víctimas tienen que exigir  que  los culpables paguen y se les  deduzca responsabilidades.
“En el juicio contra los miembros de la Tandona nosotros no pedíamos dinero solo justicia, fue el jurado como no podía poner preso a los generales porque era un juicio civil, los condenó a pagar 54 millones de dólares”, explicó.

Carlos asegura que los generales tienen escondido el dinero en el extranjero en “sus cuentas secretas, por lo que hemos pagado a abogados especialistas en encontrar ese dinero”, dijo.

Por el momento, se les ha embargado los bienes y se está en un proceso de liquidar todo lo que tienen.

Pero como sobreviviente de tortura, lo más importante para Carlos es que pudo acusar al general García y Vides Casanova y “decirle en su cara, en un tribunal, que son unos asesinos”, afirmó.

“El dinero no me va a quitar el trauma que tengo, ni a Neris González le van a devolver su niño que perdió cuando tenía ocho meses de embarazo, ni al doctor Juan Romagoza le va a volver a funcionar su mano izquierda por el balazo que le dieron”, señaló.

Carlos agregó que en El Salvador la impunidad ha sido garantizada históricamente y es necesidad de las víctimas conseguir justicia.

Otros juicios entablados fuera de El Salvador son contra Roberto D´Aubuisson, Álvaro Saravia, Nicolás Carranza, Eugenio Vides Casanova, Guillermo García y son casos ya aceptados por una Corte Federal de Estados Unidos.

Carlos señala que los militares son poderosos, todavía  a pesar de que les quitaron las armas, pues tienen poder a través de sus compañías de seguridad.

Para Carlos, hablar de la tortura ha significado estar en tratamiento con un psiquiatra y solo así ha  logrado hablar de lo que le pasó, sin ponerse a llorar, vencer el miedo que siempre les acompañaba “es una de  las medicinas para este mal”, expresó.

“Para mí, como sobreviviente de tortura, siempre vamos a estar heridos porque eso no se cura, lo importante es contar, y las heridas no se cerraron, son nuestras, no venimos a abrirlas siguen abiertas y queremos cerrarlas, que significa sentarse en una mesa y dialogar
sobre lo que pasó, perpetradores y víctimas y a partir de eso deducir responsabilidades, cerrarlas”, concluyó.

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