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2009/10/07

EDUCO: Mitos, realidades y posibilidades

La opción que me parece más prometedora es conservar EDUCO pero como un programa élite al que las comunidades escolares podrían optar si demuestran reunir un conjunto de requerimientos.

Escrito por Joaquín Samayoa.Miércoles 07 de Octubre. Tomado de La Prensa Grafica.

Es comprensible que un nuevo gobierno quiera revisar las políticas y los programas que ha dejado en marcha la administración saliente. Nunca es bueno dormirse en los laureles ni continuar caminando por inercia. Sería objetable abortar programas exitosos solo por romper con el pasado, y por la misma razón tampoco es muy sensato defender programas defectuosos solo por resistirse a los cambios. Cualquier decisión de continuidad o cambio debe sustentarse en un análisis realizado sin calenturas ni vendajes ideológicos.
Por lo que trasluce hacia afuera de los muros del Ministerio de Educación, las nuevas autoridades han asumido con la debida seriedad la tarea de conocer y evaluar la herencia que han recibido de los gobiernos anteriores. Pero en lo que concierne a EDUCO, las decisiones están sometidas a fuertes presiones políticas, todas ellas, hasta donde se puede saber, apoyadas en un limitado conocimiento de la realidad y carentes de una clara visión de las posibilidades.

Hay que decirlo de entrada y sin pudor: la excelencia de EDUCO es un mito, muy a pesar de los galardones que haya recibido. EDUCO ha dejado de ser un programa necesario, o siquiera apropiado, para lograr los objetivos que le dieron origen. Desde esa perspectiva, la apreciación del ministro de Educación es atinada. Lo que no se ha valorado antes adecuadamente, y podría seguir quedando fuera del análisis de las nuevas autoridades, es el potencial de ese programa como modelo germinal para una descentralización conducente a mejoras significativas en la calidad educativa.

Cuando se piensa en la descentralización del sistema educativo, casi siempre se hace asumiendo erróneamente que los únicos modelos existentes son los que delegan funciones administrativas a oficinas departamentales del MINED o a los gobiernos municipales. La novedad que introdujo EDUCO en su momento consistió precisamente en pasar por alto esos modelos clásicos de descentralización para transferirles responsabilidades y recursos directamente a las comunidades escolares, sin pasar por la burocracia de las instancias intermedias.

Eso es precisamente lo medular del modelo de gestión de la educación privada, el cual ha probado ser exitoso en escuelas que solo eso tienen en común, pues difieren de manera considerable en la disponibilidad de recursos, tamaño, ubicación y extracción social de los estudiantes y padres de familia. Pero, cuidado, que en esto también hay algunos mitos que debemos poner en evidencia.

El modelo de gestión no es una panacea ni una garantía para resolver todos los problemas. Hay muchas escuelas privadas que dejan bastante que desear. De igual manera, una gran cantidad de las escuelas EDUCO no llenaban, y todavía no llenan, los requerimientos para adoptar un modelo de gestión autónoma. No han sido pocos los casos de decisiones arbitrarias en las contrataciones de personal directivo y docente de esas escuelas desde que se inició el programa, y son escasos, en más de 20 años, los logros de calidad educativa en dichas escuelas.

Pero los problemas y fracasos que se puedan identificar y documentar no son atribuibles al modelo de gestión en sí mismo, sino a la falta de criterios sólidos para seleccionar las escuelas que se han regido con ese modelo. En los orígenes del programa, no había para dónde hacerse, el programa se ejecutó en las zonas donde el conflicto bélico impedía la acción directa del Ministerio de Educación. Pero fue un error hacer de la necesidad una virtud. Terminada la guerra, EDUCO debió haberse reorientado para ejecutarse con diferentes propósitos y solo en escuelas y comunidades que ofrecieran condiciones para una gestión autónoma.

El debate sobre EDUCO no puede llevarse a cabo con altura de ideas si se evade la discusión a fondo sobre descentralización, autonomía escolar y derechos y obligaciones de los maestros y directores escolares. Uno de los mitos que debe derribarse es el de la conveniencia a priori de la participación de la comunidad en la gestión escolar.

La opción que me parece más prometedora es conservar EDUCO pero como un programa élite al que las comunidades escolares podrían optar si demuestran reunir un conjunto de requerimientos. También induciría el modelo EDUCO en las escuelas más amenazadas por la criminalidad.

Pero el nuevo EDUCO sería bastante diferente al anterior. Sería muy riguroso y competitivo en la selección de directores y maestros, les otorgaría salarios y prestaciones considerablemente mejores, aseguraría la estabilidad laboral de los que tengan un excelente desempeño, dejando las decisiones de contratación siempre en manos de la comunidad, pero con estricta supervisión estatal y con apego a normativas muy bien pensadas.

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