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2009/10/24

Prostitución infantil para clientes VIP (I entrega)

24 DE OCTUBRE. Escrito por Jaime Ulises Marinero. Tomado de La Pagina.

Tiene 16 años, estudia segundo año de bachillerato en un colegio clase A, vive en una populosa colonia de San Salvador, desea llegar a ser nutricionista, pero por ahora es “chica de compañìa”.

Valeria, nombre que utiliza cuando “trabaja” mide 1.60 metros, pesa alrededor de 120 libras, y sus clientes la conocen a través de catálogos que “de manera privada” se encarga de mostrar una joven de unos 25 años que dice llamarse Analisse y que simula trabajar como masajista en una sala spa de la colonia Escalón.

LA PÁGINA logró infiltrarse como un “cliente VIP” para tener acceso a ver el catálogo de niñas que son prostituidas bajo la figura de “chicas de compañía”. A través de uno de esos clientes se logró contactar a Analisse, quien dice ser graduada universitaria y dedicarse a “masajista” porque nunca logró emplearse en lo que estudio.

Analisse tiene un catálogo de aproximadamente doce jovencitas cuyas edades oscilan entre 14 y 17 años, todas estudiantes de bachillerato. De ellas tiene fotografías, donde posan en uniforme  del colegio, en bikini, en jeans, en minifalda, en vestido, de su rostro y mostrando sus piernas. En el primer encuentro garantiza que están sanas y que ninguna tiene más de 18 años. Todas estudian y trabajan por necesidad y para darse sus gustos particulares.

Del grupo de niñas Valeria es la más atractiva. Eso si, Analisse es sincera y explica que los ojos verdes son de contacto y que no es rubia natural. “Ahora mismo anda con el pelo negro”, dice.

En el catálogo hay dos fotografías de la niña con el uniforme escolar, pero no aparece su nombre real, por lo que será difícil saber si de verdad estudia en dicha institución. “Es que el nombre real hasta ellas tienen prohibido darlo”, dice Analisse.

Según Analisse ella trabaja para clientes VIP, gente de dinero que necesita tener a una “chica de compañía”. “Yo no arreglo encuentros para prostitución, si ellas en la privacidad negocian eso, ese es su problema, a veces hasta preparamos luchas en lodo entre dos niñas, eso es espectáculo, no es prostitución”, dice.

Analisse o la licenciada, como le gusta que le digan, cobra entre 100 y 200 dólares por “alquilar” a una de sus chicas, dependiendo del cliente y de la menor que sea escogida. Por Valeria cobra 200, pero el cliente tiene derecho a estar con ella todo un fin de semana. “Las llevan a la playa, a algún hotel o a cualquier sitio donde puedan estar cómodos, supongo que solo para que les hagan compañía”, dice que una sonrisa que ironiza la frase.

El encuentro con Valeria será en un centro comercial, cerca de su colegio. A la 1:00 de la tarde. Ella llegará con su uniforme y una mochila con cuadernos. Eso si antes de darse el encuentro, el cliente VIP debe cancelar en efectivo. De ninguna manera se aceptan cheques o tarjetas... de ninguna manera.

Precisamente el contrato entre el periodista de LA PÁGINA y Analisse por los servicio de Valeria no se concreta porque no aceptan cheques y este reportero explica a la licenciada que no anda dinero en efectivo. Promete regresar al siguiente día con efectivo... nunca regresó.

A través de otra estudiante del colegio LA PÁGINA confirmó que Valeria si estudia en esa institución y que es una alumna promedio, con buenas notas. Siempre anda “sobrada” de dinero y a veces la vienen a dejar en carros de lujo que manejan sus supuestos tíos. “Es buena onda, siempre nos regala cosas, no tiene novio y vive con sus abuelos. Su papá y su mamá viven en Estados Unidos, separados, yo creo que ellos le mandan dinero”, dice la estudiante, quien desconoce el “trabajo” de su compañera.

Niñas

Analisse, que en ningún momento se enteró que el supuesto cliente en realidad era periodista, explica que ella no recluta a las niñas, sino que se las recomiendan amigos. Ella garantiza que sean menores de edad y las contrata para que trabajen de “chicas de compañía”, pero “usted y ellas deciden que hacen, ahí ya no me meto”, afirma.

Según Analisse su trabajo es clandestino porque “la sociedad salvadoreña es retrógada y no comprenden estas modernidades” (sic). Quienes si comprende, de acuerdo con su criterio, son sus clientes, la mayoría comerciantes, empresarios y “personas de bien” como militares, gerentes de empresas y gente muy reconocida. Sus mejores clientes son los extranjeros que se hospedan en los hoteles de lujo.

¿Usted de que trabaja?, me pregunta Analisse, antes de comenzar a dialogar con este periodista y, más bien, para cerciorarse que está ante un nuevo “cliente VIP”.

_”Soy propietario de varios talleres de mecánica, siete en total”, contesto para ganarme la confianza de Analisse, confianza que ya está ganada porque me acompaña un “verdadero” cliente.

Ya como supuesto dueño de talleres, Analisse cuenta que ella también fue “chica de compañía”, pero que nunca se prostituyó, algo que cuesta creerle, pero que ella sostiene con vehemencia.

Analisse es soltera, tiene un hijo de tres años, un vehículo año 2008 y dice que vive en cerca de su trabajo, en la Escalón.

No cree que alguna vez la vayan a meter presa porque nunca ha prostituido a nadie. “Por ejemplo usted y Valeria se ven, se la lleva como chica de compañía y si tienen una relación sexual ya es problema de ustedes, a mi me paga para usarla de chica de compañía”, afirma.

Para esta mujer una chica de compañía” es aquella que se encarga de estar junto a un hombre que necesita llenar el vacío de su soledad. “Nunca me he dado cuenta que se prostituyen”, dice, al tiempo que quien me acompaña y la misma Analisse sueltan una carcajada.

El listado de clientes es privado, pero Analisse se garantiza de tener el nombre exacto y el número de NIT porque según ella “por su trabajo paga impuestos”, porque es legal. En realidad lo hace como mecanismo de control por si le pasa algo a las niñas. Ella está empleada en el spa, pero no ejerce como masajista. Los clientes llegan a recibir un masaje y los que ya saben como funciona el negocio piden hablar con la licenciada.

Las menores no hacen contrato directo con los clientes, aunque sean asiduos, porque la única forma de que se les garantice su seguridad es si cuentan con la intermediación de Analisse.

En el “catálogo de chicas bonitas”, como está rotulado, llama la atención una menor delgada, que aparenta tener unos doce años. Inmediatamente Analisse aclara que tiene 15 años, pero que es finísima. “Usted viera como los chinos la buscan a ella, trabaja bastante”, dice. Al pie de la foto con uniforme dice “Rossy, 15 años, estudiante del colegio...”.

Cuando las jóvenes ya tienen 18 años, Analisse, que en realidad es una proxeneta, las recomienda para los centros nocturnos o para otros proxenetas amigos suyos que trabajan con mujeres mayores de 18 años. Pronto recluta a otra que llene el vacío.

Ella ha logrado reclutar a las menores a través de amigos. Las entrevista y les explica en que consistirá su trabajo. Según esta proxeneta para que no tengan necesidad de prostituirse les da 50 dólares por contrato a pesar de que ella cobra hasta 200 dólares. No las anuncia en internet y el catálogo se lo muestra exclusivamente a los clientes, que generalmente son recomendados por otros.

Las menores no deben dejar de estudiar ni caer en las drogas porque de lo contrario las saca del negocio. Entre ellas se conocen porque en ocasiones las “renta” en pareja o en grupo dependiendo de la necesidad del cliente.

En el caso de Valeria comenzó a trabajar con ella hace dos años. La conoció en un centro comercial y según Analisse es de las pocas que ella misma ha contratado sin necesidad de intermediación.

“Me contó que no tenía para pagar el colegio porque sus papá se habían separado en Estados Unidos y ninguno había asumido la responsabilidad de mandarle dinero, ella no quería estudiar en una escuela pública por lo que aceptó”, contó.

LA PÁGINA logró conocer a una de las “chicas de compañía” a través del “verdadero cliente” y la joven aceptó que ella y todas sus compañeras de trabajo se prostituyen y que eso “bien lo sabe la licenciada”.

“Valeria, si, ella se prostituye, conmigo ya ha salido a trabajar y nos hemos acostado con los clientes”, dice la joven, de 15 años, mientras se acomoda la blusa escolar y se suelta el cabello. “De la puerta del colegio hacia fuera dejo de ser estudiante”, dice la joven, al adoptar una posición coqueta y sensual, demasiado sensual para su edad... para una niña.

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