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2009/10/21

La historia no contada de los Cinco (Parte XIII): La historia se repite

Por Ricardo Alarcón de Quesada,
presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular

Tomado de Granma Internacional.

Solo un par de días después del encuentro de García Márquez en la Casa Blanca, diplomáticos estadounidenses en La Habana se acercaron a las autoridades cubanas. Tuvimos una serie de discusiones centradas principalmente en lo que Estados Unidos había descubierto acerca de planes terroristas contra aeronaves civiles y en la advertencia que la Administración Federal de Aviación (FAA) se había sentido obligada a emitir. Durante esos intercambios Estados Unidos solicitó formalmente que una delegación de alto nivel del FBI viniera a La Habana con vistas a recibir de su contraparte información sobre la campaña terrorista que tenía lugar en esos momentos. Durante la preparación de esa visita el secretario de Estado asistente, John Hamilton, comunicó que "esta vez ellos querían enfatizar la seriedad de la oferta de Estados Unidos de investigar cualquier evidencia que [Cuba] pudiera tener".

Las reuniones tuvieron lugar en La Habana los días 16 y 17 de junio de 1998. A la delegación norteamericana se le entregó abundante información, tanto documental como testimonial. El material entregado incluía las investigaciones relacionadas con 31 actos terroristas, que habían tenido lugar entre 1990 y 1998, muchos promovidos por la Fundación Nacional Cubano-Americana, que también organizó y financió las acciones más peligrosas llevadas a cabo por la red de Luis Posada Carriles. La información incluía listas detalladas y fotografías de armamentos, explosivos y otros materiales confiscados en cada caso. Adicionalmente, 51 páginas con evidencias relacionadas con el dinero aportado por la FNCA a varios grupos para realizar actividades terroristas en la Isla. El FBI recibió también grabaciones de 14 conversaciones telefónicas en las cuales Luis Posada Carriles se refería a ataques violentos contra Cuba. Se entregó una detallada información de cómo localizar al notorio asesino, tales como direcciones de sus casas, lugares que frecuentaba, y los números de placa de sus autos en El Salvador, Honduras, Costa Rica, República Dominicana, Guatemala y Panamá.

El FBI se llevó los expedientes de 40 terroristas de origen cubano, la mayoría de los cuales vivía en Miami y los datos para encontrar a cada uno de ellos. La delegación norteamericana se llevó también tres muestras de dos gramos cada una de sustancias explosivas de bombas desactivadas antes de que pudieran explotar en el Hotel Meliá Cohiba el 30 de abril de 1997 y en un ómnibus de turistas el 19 de octubre de 1997, así como el artefacto explosivo confiscado a dos guatemaltecos el 4 de marzo de 1998.

Al FBI también se le entregaron cinco cassettes de video y ocho de audio y sus transcripciones con las declaraciones de los centroamericanos que habían sido arrestados por colocar las bombas en los hoteles. Ahí ellos hablaban de sus vínculos con bandas cubanas y en particular con Luis Posada Carriles.

La parte norteamericana reconoció el valor de la información y se comprometió a dar una respuesta lo más pronto posible.

Nunca tuvimos una respuesta. Nadie sabe con certeza lo que el FBI hizo con las evidencias y con la pormenorizada información que recibió en La Habana. Definitivamente no la utilizaron para arrestar a ninguno de los criminales ni para abrir ninguna investigación.

¿Ya no estaba el Departamento de Estado preocupado por la información que ellos mismos habían reunido acerca de ataques terroristas a aviones comerciales? ¿Qué pasó con su preocupación por las vidas y la seguridad de los pasajeros, incluyendo las de los pasajeros norteamericanos?

¿Es esa la forma de "tomar medidas inmediatas" en un problema "que merece la completa atención de su Gobierno, del cual ellos se ocuparían urgentemente" como solemnemente prometieron en la Casa Blanca? ¿O de "enfatizar la seriedad de la oferta de Estados Unidos"?

Puede asumirse que el FBI compartió la información que obtuvo con sus socios en Miami.

Si los hechos tienen algún significado ese fue sin duda el caso. El 12 de septiembre de 1998, casi tres meses después de la visita a La Habana conocimos a través de los medios de prensa de la detención de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, y de que el Sr. Pesquera, jefe del FBI en Miami, estaba, ese sábado en la mañana, visitando a Ileana Ros Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart —los Congresistas batistianos de Miami— para informarles del encarcelamiento de los cinco cubanos.

La historia se repetía. En 1996 el Presidente Clinton dio instrucciones de poner fin a las provocaciones aéreas de Hermanos al Rescate, pero cuando sus órdenes llegaron a Miami la pandilla local conspiró para hacer exactamente lo contrario. En 1998 el mismo Presidente parecía estar dispuesto a poner fin a las acciones terroristas contra Cuba —y también contra los norteamericanos—, pero cuando sus intenciones se conocieron en Miami el FBI las voló en pedazos.

El Sr. Pesquera ha reconocido en una entrevista de prensa que su mayor dificultad fue lograr la autorización de Washington para arrestar a los Cinco. Sin dudas debió haber sido así. ¿No se supone que Washington esté del otro lado de la cerca en la lucha contra el terrorismo?

El Sr. Pesquera y sus compinches ganaron. Ellos probaron ser capaces de ignorar la ley y la decencia, y dejar en ridículo de nuevo al Comandante en Jefe de Estados Unidos. ¿Recuerdan a Elián?.

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