“Vivimos en zona de inundaciones, deslaves y terremotos. Frente a ello se impone construir un sistema de reacción fuerte y ágil y construir obras de prevención y mitigación claramente identificadas.”
Escrito por Rafael Castellanos. Martes 10 de Noviembre. Tomado de La Prensa Grafica.
La naturaleza golpea nuevamente con fuerza. Esta vez, la más alta precipitación pluvial de la que haya registro histórico en tres horas, concentrada en el centro del país, causó repuntas, desbordes en ríos y quebradas, inundaciones y un deslave enorme en Chichontepec, que arrasó con media Verapaz. Como siempre, aquí y en todo el mundo, quienes más sufren son los más vulnerables, los que viven en situación precaria.
Vivimos en un área en que inevitablemente se producirán desastres cada cierto tiempo. Anualmente, en la temporada de huracanes enfrentamos el riesgo de lluvias intensas en el país y Honduras, que pueden producir inundaciones y deslaves causados por el excesivo humedecimiento de laderas y volcanes. Hoy fue Verapaz, hace unos años, el volcán de Santa Ana, antes Montebello.
Adicionalmente, en nuestro suelo se producirán terremotos cada cierto tiempo, hay placas teutónicas y fallas inestables que producen caída de viviendas y deslaves mortíferos como Las Colinas.
Ante la inevitabilidad de los desastres naturales, surgen dos respuestas efectivas: solidaridad y prevención. En la solidaridad el salvadoreño ha mostrado siempre ser generoso y espontáneo para dar a quienes han sido golpeados.
Para que la solidaridad sea efectiva y la ayuda llegue pronto, debemos superar las barreras de siempre, la falta de una red permanente y ágil, que ponga en contacto la demanda con la oferta. Muchos dan, pero no siempre lo dado llega a tiempo, lo que es un crimen; a veces se lo quedan personas inescrupulosas.
Las necesidades son siempre las mismas, en las primeras horas, brigadas de emergencia equipadas para abrir caminos, derribar obstáculos, remover escombros, vehículos para evacuar, albergues para alojar a los desplazados, seguridad militar en los lugares evacuados para que la gente no se sienta reacia a abandonar, por lo que a veces corren, arriesgan lesiones y hasta la vida.
Frazadas, colchonetas, ropa, zapatos para quienes salieron dejando todo y estén calientes y cubiertos. Al mismo tiempo, agua potable, frijoles, arroz, aceite, harina de maíz y trigo, queso seco, azúcar, sal, galletas, carne seca, latas. Pasada la emergencia se necesitan materiales de construcción para reconstruir viviendas y en lugares que no pueden rescatarse, tierras para asentar a los desplazados. Hasta aquí la solidaridad es una mezcla de ayudas privadas, algo de cooperación externa y los gobiernos municipales y central.
Inmediatamente maquinaria para restablecer acceso en vías obstruidas, reparar puentes caídos o inutilizados, maquinaria para desalojar toneladas de lodo, piedra y escombros. Esto es obra del gobierno y las municipalidades, cabe ayuda privada. Con habilidad se consigue cooperación internacional.
Esto es igual en todo el mundo, la diferencia es que en los países desarrollados, los daños son principalmente materiales, sin muertes; no se viven las condiciones de vulnerabilidad de los nuestros. Aspiramos superar esa condición por medio del desarrollo.
Entre la reacción espontánea, la solidaridad ante la adversidad y la eficiencia en llevar la ayuda a su destino, se interponen la burocracia y la falta de organización permanente y fácil de activar. Aquí y en otros países, se interponen políticos inescrupulosos que por cleptocracia o por ganar protagonismo dificultan o impiden la buena marcha de las cosas. Ante el desastre, se debe actuar con total honestidad. Otra actitud es inaceptable.
Más condenable (en ciertos lugares los ejecutan en el acto) son los ladrones que saquean las viviendas y quienes se roban las donaciones para los damnificados. De esto se ve en el mundo y no somos la excepción. A estos habría que aplicarles una ley especial que los condene dura y expeditamente, muchos políticos irían presos, aquí y en todo el mundo. Nueva Orleans con Katrina es el ejemplo más fuerte de lo anterior, en el país más rico y poderoso del mundo, la ineficiencia y la corrupción afloraron y los damnificados estuvieron días sin la atención debida.
Debemos hacer nuestro sistema de prevención de desastres más moderno, fortalecerlo con personal y equipos, con organización territorial fácil de activar, capacidad de movilización y conexión con las comunidades, capacitación y ejercicios en las escuelas para entrenar a los alumnos sobre qué hacer.
El ejército. Los ejércitos deben especializarse en esto, ninguna organización tiene la capacidad de reacción y despliegue de los militares, sus helicópteros, equipo y entrenamiento son vitales.
Necesitamos construir las obras de prevención y mitigación claramente identificadas y darles presupuesto, ejemplo claros son las fisuras de los terremotos en el Chichontepec, por una bajó el aluvión a Verapaz y las bóvedas y los muros de prevención en las quebradas del Gran San Salvador, veamos la colonia Málaga.
Verdades a medias! No se necesita ser una pais rico y desarrollado para cuidar de su gente. Vean el caso de New Orleans,EEUU y su mayoria de poblacion negra y el desastre que se les armo. Por que? Esa poblacion no es proridad del gobierno rico y desarrollado de aquel entonces. Veamos a Cuba, huracan tras huracan, cada año y los casos de muerte son infimos. Asi que dejese de pajas.. se nos muere la gente por que en ES la vida del salvadoreño comun no vale nada para nadie. No vale nada ni para el mismo salvadoreño, si no, no se hubiese llegado al grado de descomposicion social actual, con tanto joven mostrando un inhumano desprecio a la vida y a la sociedad. O a lo mejor es al reves, como la sociedad no muestra valores humanos tampoco los jovenes les aprenden o tienen la posibilidad de hacerlos suyos.
ResponderEliminar