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2009/11/10

Y va de nuevo: o sumas o pierdes

En el fútbol, cuando un equipo entra en crisis y va como en la famosa canción de fracaso en fracaso, todo mundo en las graderías parece tener claro el origen del problema, los responsables del mismo y el camino de solución. Todo mundo excepto la directiva y el cuerpo técnico de la oncena en cuestión.

Escrito por Geovani Galeas. Martes 10 de Noviembre. Tomado de La Prensa Grafica.

En esas circunstancias los aficionados soltamos un diluvio de señalamientos críticos y recomendaciones, que desde cada perspectiva particular, reclaman la posesión de una validez más que evidente. Pero ya sabemos que tanto esas críticas como esos consejos no pedidos solo constituyen una Babel contradictoria y difusa. Y sin embargo no es posible dejar de opinar, aún a riesgo de aumentar la confusión.
¿Qué pasa realmente en ARENA? Algunos, amparados en la certeza de que una crisis también significa una oportunidad, han dado en creer que su derrota electoral y su posterior fraccionamiento es de alguna manera lo mejor que podía ocurrirle a ese partido. En el primer caso “porque era el momento más oportuno para perder”, y en el segundo caso, “porque se trata de una autodepuración que más bien nos fortalece”.

No lo creo. Se trata de una ingenuidad en el mejor de los casos. Lo que la experiencia enseña es que una derrota puede ser transformada luego y en ciertas condiciones en una victoria, no que un fracaso sea en sí mismo un logro. ARENA perdió las elecciones presidenciales y ahora ha entrado en un proceso de dispersión. Esos son los hechos, y su análisis no puede ni debe ser sustituido por el deseo optimista.

El factor que determinó la derrota arenera fue la imposibilidad de lograr un acuerdo en torno a la candidatura presidencial, y al clausurarse el diálogo, el que coyunturalmente tenía más fuerza impuso su opción a los otros. El mismo elemento, pero con la fuerza coyuntural ahora en manos de aquellos otros, concurre para generar la dispersión.

En los dos casos se vence pero no se convence. La fuerza se impone al diálogo y ahí están los resultados. En situaciones semejantes, apelar a la ética, la disciplina, la lealtad y aún a la institucionalidad es un recurso estéril que nada más encubre la falla de origen: una ausencia de habilidad política para negociar y pactar oportunamente.

En política, si no existe consenso solo hay dos alternativas: o se da la ruptura, o se negocia y se pacta para conseguir un acuerdo. Pero la segunda posibilidad requiere el reconocimiento de la correlación objetiva de las fuerzas en disputa, y en consecuencia exige la disposición a distribuir proporcionalmente las cuotas de poder.

Ni los principios, siempre interpretables, ni los inventarios de culpas deben anteponerse a la realidad concreta, si lo que efectivamente se pretende es solucionar un problema concreto. En otras palabras, la pugna por el control de un aparato partidario solo tiene sentido si en realidad estamos hablando de un partido y no de un simple cascarón.

Aquí y ahora ya no estamos hablando de la correlación de fuerzas entre ARENA y el FMLN sino entre este último, cada vez más cohesionado, y la derecha cada vez más dispersa. ARENA es ya solo una parte de esa derecha, y nadie en estos momentos puede estar seguro de la verdadera dimensión de su fuerza, no en términos institucionales sino de adhesión popular.

Respecto a los anteriores y fallidos intentos del FMLN por acceder al poder, desde esta columna y de la mano de nuestro querido Perogrullo, hemos reiterado sistemáticamente lo obvio: el que por mantener la pureza o por cualquier otra razón se empeña en restar sencillamente no gana. Y la realidad actual es que ni ARENA ni la derecha están sumando.

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