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2010/02/09

RAICES - De sangre y dolor todos estamos hartosPeriodismo Alternativo desde El Salvador

Escrito por Nelson Rentería. 09 de Febrero. Tomado de Raices.

En el país por fin nos pusimos de acuerdo en algo: todos estamos hartos. Los ciudadanos salvadoreños están hartos, los valientes extranjeros que residen en el país también lo están. El Gobierno está harto, al igual que los empresarios, las iglesias y sectas y congregaciones de distinto tipo, todos repletos de hastío. En general, nadie quiere “vivir” (¿?) en medio de tanta violencia y demasiadas muertes.

Tenemos un enemigo en común que es visceral, sin piedad, oscuro, inmisericorde, obtuso, violador, impune, sádico, vulgar, acosador y otros tantos calificativos. Nuestro rival empaña los presentes días y ensombrece nuestro futuro. Pese a que todos -y todos son todos- queremos terminar con él, aún no podemos.
¿Dónde quedan lemas como “la unión hace la fuerza”, “seis millones de cabezas piensan mejor que una”, “el pueblo unido jamás será vencido”, “primero El Salvador, segundo El Salvador y tercero El Salvador”, “Dios Unión libertad”? Todos estamos juntos en esto y nos están venciendo. Peor aún, seguimos sufriendo.

Unirse para lograr la meta de la Teletón es más importante y publicitado que salvar vidas y librarnos, como dicen los religiosos, de todo mal. De la violencia que hunde sus raíces en lo profundo del tejido social.

Nuestro enemigo está dentro de las casas en el maltrato familiar, en los celos enfermizos de los crímenes pasionales, en las pandillas, en la policía, en las iglesias y sectas que a gritos se disputan fieles, en los fanáticos del clásico ajeno Real Madrid - Barcelona, en los voraces empresarios, en los narcotraficantes, en los buseros, en el peatón, en la Asamblea Legislativa, en los periódicos, en las universidades, en las calles.

Viaja en lujosos carros y en hombres descalzos, en hombres y mujeres, jóvenes y viejos, en mestizos o con pedigree… Algunos dirían que es Omnipresente.

Estamos unidos pero no logramos ponernos de acuerdo en cómo vencerlo. Mientras tanto, 12 personas mueren a diario, no dormimos por el miedo, nos extorsionan, hablamos con miedo en las calles con desconocidos, estamos encerrados, prisioneros, paranoicos, condenados a cuatro paredes. En Estado de Sitio.

Los religiosos y pacifistas dicen que hay que vencerlo sin violencia. Unos dejan en manos de Dios la misión que corresponde a los hombres; otros dicen que hay que poner la otra mejilla, cuando ambas las tenemos inflamadas de tanto golpe; otros citan a Gandhi: “ojo por ojo y todo el mundo terminará ciego”, de que sirven los ojos si estamos en penumbras.

Hay quienes apoyan el exterminio. Añoran a la Sombra Negra, a Maximiliano Hernández Martínez, a Adolf Hitler, al Ku Klux Klan, a las Brigadas 88 – grupos de limpieza neonazi sinónimo de HH (Heil Hitler)- y otros tantos, siendo estos los únicos salvadores de “Nuestra Gran Nación”.

Habría que distinguir a los enemigos. Los nazis asesinaron comunistas, socialistas, protestantes, católicos, judíos, gitanos, homosexuales, opositores, inválidos, ancianos, niños. Nuestro enemigo se parece a los nazis.

Los del Ku Klux Klan y las Brigadas 88 y los neonazis asesinan a hombres y mujeres de descendencia africana o latinos que buscan mejoras de vida en países más desarrollados. En El Salvador la historia reciente nos enseñó que en su afán de combatir a rebeldes murieron miles de civiles inocentes. Las víctimas no son los criminales como ellos plantean.

Hablar de exterminio alcanza a Stalin, Pol Pot, los Escuadrones de la Muerte, Mussolini, Osama Bin Laden, Videla, Pinochet, el dengue o el SIDA. No es una cuestión ideológica.

¿Exterminio? ¿A quién o quiénes? La pregunta no es nueva. La literatura bíblica sostiene que Dios mandó un diluvio, Moisés lapidó a los infieles y por los siglos de los siglos sigue vigente la interrogante.

El grandioso escritor Albert Camus formuló una frase significativa, en el marco de la Segunda Guerra Mundial y las campañas contra los nazis: “Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría”.

¿Quiénes tienen la razón, los pacifistas o los extremistas? No lo sé y no lo sabremos nunca, pero de que estamos hartos, estamos hartísimos.

RAICES - Periodismo Alternativo desde El Salvador

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