El gobierno de Funes inició un encuentro con los sectores más importantes de la sociedad salvadoreña para poner en marcha un plan antidelincuencial que frene la escalada violenta que está cobrando más de 12 vidas diariamente.
Escrito por Juan José Dalton. 09 de Febrero. Tomado de Contra Punto.
SAN SALVADOR – El salón de usos múltiples de Casa Presidencial fue el escenario de un encuentro trascendental que el viernes tuvo el presidente Mauricio Funes con representantes de las cámaras y federaciones empresariales, además con los dueños y directores de medios de prensa. Este era el primer evento de otros que se efectuarán en semana y media, con la finalidad de “aceitar” el plan gubernamental con insumos, aportes e iniciativas, que le den sustento nacional al combate antidelincuencial.
Funes, quizá como ningún otro mandatario en los últimos 20 años lo ha hecho, reconoció que el flagelo de la delincuencia se ha recrudecido y se ha convertido en “enemigo” de la Patria, más concretamente, el crimen organizado.
“No tenemos la verdad absoluta ni la varita mágica” para enfrentar un fenómeno que en el pasado no se intentó combatir de raíz, explicó el mandatario a los empresarios representantes de la Cámara de Industria y Comercio, Asociación Nacional de la Empresa Privada, Fusades y otras organizaciones.
Quedó claro que el Estado es el primer responsable en el combate antidelincuencial, pero que sería imposible triunfar sin el aporte ciudadano, por lo tanto, Funes dijo que la semana que viene y principios de la otra se reunirá con los partidos políticos y diputados; con el sector justicia; con la sociedad civil organizada, así como con los 262 alcaldes de todo el país.
La convocatoria y el ánimo de la reunión mostraba la preocupación de los empresarios sobre el tema. Funes advirtió que fueron los primeros invitados por el daño que el sector está sufriendo y en perspectivas, porque de continuar la ola delincuencial sin freno y con mayor escala, el desarrollo futuro de El Salvador se vendría abajo.
¿Qué es lo que se enfrente?
El deterioro crónico sufrido en el sistema de seguridad pública, la ineficacia investigativa, la corrupción y la impunidad han armado un inmenso monstruo que está muy difícil de combatir.
Las cifras se reflejan diariamente en la prensa local. En 2009 fueron asesinadas 4.367 personas. Esto nos da un promedio de 11,9 asesinados a diario. Pero la magnitud real de ello lo mide la tasa de homicidios. Con 5.7 millones de habitantes, en 2009 El salvador tuvo una tasa de homicidios de 76,6 por cada 100.000 habitantes, cuando la media en Latinoamérica no llega a 25 homicidios por cada 100.000 habitantes, y Latinoamérica es el continente más violento del mundo.
Otras realidades: con 5.7 millones de habitantes, El Salvador tiene en manos de civiles más de medio millón de armas de fuego. La policía y el ejército juntos no llegan a tener ni 50.000 hombres y mujeres sobre las armas. Del medio millón de armas circulando, la mitad están registradas.
Las estadísticas de la violencia indican que más del 80 por ciento de los homicidios se ejecutan con armas de fuego.
Algo que Funes confirmó, pero que ya había sido advertido en años anteriores por especialistas en temas de violencia, es que las “maras” han mutado a bandas violentas y delictivas que constituyen “crimen organizado”, que están armados, que cuentan con sistemas de comunicación, recursos económicos (vía extorsiones), que tienen nexos con el narcotráfico y otras organizaciones criminales, pero además tienen control territorial de algunas zonas donde la labor del Estado es ausente.
¿Qué hacer?
El gobierno tiene un plan que ha nacido de su filosofía: integral e integrado, según explicó el Viceministro de Justicia y Seguridad, Henry Campos. Es decir, la urgencia de frenar el flagelo es prioritaria, pero no se puede dejar de atacar la raíz de la problemática, que es multifacética y profunda.
Muchas de las causas estructurales de la violencia nunca se han atacado en El Salvador. La pobreza y la exclusión con temas a resolver pero a largo plazo. Este gobierno ha dicho que tiene voluntad de comenzar a desmontar esa especie de determinismo impuesto culturalmente que ha indicado que el que nace pobre, pobre muere.
Pero de inmediato, cortar las alas a la criminalidad implica: una cualificación como nunca antes habría tenido la Policía Nacional Civil (PNC), lo que implica la modernización del 911 para responder de inmediato a los llamados de auxilio de la población; se procurará una mayor disponibilidad de la policía, así como la instalación, ampliación de laboratorios; vehículos y sistemas eficaces de comunicación y defensa.
Por problemas de seguridad, el presidente y sus principales funcionarios no dieron detalles de los planes en cada caso, pero habrá un control riguroso en los penales, de donde se originan el 80 por ciento de las órdenes para cometer extorsiones.
Migración contará con un sistema moderno para conectar las fronteras aéreas, marítimas y terrestres a la Interpol para detectar a posibles delincuentes buscados en otras partes del mundo.
La Fuerza Armada incrementará sus recursos a la tarea de acompañamiento a la policía, pero Funes aclaró que no se establecerán regímenes de excepción en ningunas de las áreas de persistencia delincuencial, pero en las que existen planes de recuperar la función del Estado.
En cuanto a armas, hay planes de un mayor control, incluso, un anteproyecto de ley para prohibir la portación de armas en todo el país.
La activación de los consejos municipales de seguridad son otras de las apuestas para la prevención, así como el trabajo para la prevención de que niños y jóvenes caigan en manos de la “maras”, así como el trabajo de reinserción de jóvenes pandilleros a la vida normal y laboral.
Reacción de los empresarios
Los empresarios salvadoreños escucharon los esbozos de los planes gubernamentales, y al final más que dar aportes, mostraron su disposición de ponerse a la orden del gobierno para combatir la criminalidad.
Tanto Jorge Daboub, presidente de la Cámara de Industria y Comercio, como Antonio Cabrales, de Fusades, dijeron estar satisfechos por lo que se les informó.
Cabrales incluso apuntó que si el apoyo implica “meternos la mano en la bolsa” es lo que se haría.
Pero una de las grandes responsabilidades que tendrá la empresa privada es evitar y combatir la elusión y evasión fiscal, así como el contrabando. Hasta el momento un mal endémico bastante introyectado en la sociedad y en la cultura nacional.
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