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2010/01/12

EDH-Obama, Reid, el hablar culto, Pigmalión y dos Galateas

La manera de hablar es obviamente reflejo de la educación que se tiene, de las lecturas hechas, de lo que se recibió en la infancia. Hay quienes a duras penas pueden conversar sin decir malas palabras o echar mano de ejemplos vulgares.

Editorial.12 de Enero. Tomado de El Diario de Hoy.

George Bernard Shaw describe, en Pigmalión (o "My fair lady"), cómo cada clase social tiene su manera de hablar, sus acentos, sus muletillas, sus giros verbales, su finura o su poca educación. Cuando el héroe de la comedia, Higgins, conoce a una linda, chorreada, mal vestida y vulgar violetera (Eliza Doolittle), apuesta con un amigo que puede convertirla en toda una dama con sólo cambiar su manera de hablar. Así inicia y se desarrolla una de las comedias más deliciosas del teatro universal.
Pigmalión, estimado lector, fue un mítico escultor de las leyendas griegas, que creó una bella joven en mármol, Galatea, se enamoró de ella y pidió a los dioses que le dieran vida. Los dioses le concedieron su deseo y en recuerdo de esa historia es que Shaw armó su propio romance, con la diferencia de que Higgins no termina con su Galatea.

El líder demócrata del senado estadounidense Harry Reid ha sufrido persecución verbal, acerbas críticas y mofa, por señalar lo que Higgins anotó: la forma de hablar separa a unos grupos sociales de otros; Obama, dijo Reid, en parte debe su triunfo a que habla como un político culto, avezado, que se dirige a toda una nación, no sólo a una etnia.

Higgins, o Pigmalión, consiguió que su Galatea hablara con el acento, las entonaciones y la gracia de una gran dama, pero se dio cuenta, con horror, de que las historias que contaba en buena compañía (siguiendo a Shaw) eran las de la violetera. Con enorme elegancia narraba ella que su padre empinaba el codo día a día con ginebra, la bebida de la gente baja (siempre siguiendo a Shaw).

Hablar mal es igual a no bañarse

Segunda etapa: hay que cuidar no sólo la forma sino, en el fondo lo más importante, el contenido de la conversación, de lo que se comunica a otros. Higgins se dedica entonces a cultivar a su Galatea, instruirla en historia, hacerle leer literatura, inculcarle buenos modales, enseñarle a comer con propiedad. En simples términos, que el alma e intelecto respondan a lo externo, cuando normalmente sucede lo inverso, que hablamos como pensamos.

Al final Galatea, la de Pigmalión y la de Shaw, son obras perfectas, insufladas del carácter divino. Un apuesto y refinado joven enamora y conquista a "Mi bella dama", así como el escultor consigue que los dioses le colmen de dicha.

El pobre Reid, en cambio, está siendo bombardeado por todos lados por tratar lo obvio: Obama debe su triunfo al hecho de portarse y hablar como una persona civilizada. Ya Berlusconi dijo más o menos lo mismo al calificar a Obama como bello y bronceado, lo que a su vez llevó a muchos estadounidenses a rasgarse las vestiduras de la indignación.

La manera de hablar es obviamente reflejo de la educación que se tiene, de las lecturas hechas, de lo que se recibió en la infancia. Hay quienes a duras penas pueden conversar sin decir malas palabras o echar mano de ejemplos vulgares. De allí que muchos padres pasen en permanente guardia para que su hijos no caigan en el mal hablado de sus compañeros de clase menos educados; les viven corrigiendo para que dejen el "vos" y vuelvan al tú, como les enseñan a evitar el "o seya", para que entren bien en la vida.

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