Queda gente honesta y bien intencionada en todos los partidos, pero emergen cada vez con más fuerza los que no tienen otra patria ni otra bandera que no sea la de su ilimitada codicia.
Escrito por Joaquín Samayoa. Miércoles 11 de Noviembre. Tomado de La Prensa Grafica.
La estación lluviosa había sido bastante moderada. Ningún huracán de gran categoría había golpeado a Centroamérica, ni a los países caribeños, ni a la zona del golfo de México, ni a la costa atlántica de Estados Unidos. Este año quedará bastante sobrada la lista de los nombres que se asignan en orden alfabético a las tormentas que pueden convertirse en huracanes. Talvez y ojalá no llegue a formarse “Joaquín”, que sería la siguiente de esas tormentas. Sin embargo, igual que en las competencias deportivas, la cosa no termina hasta que termina. Unas pocas horas de lluvia recia e ininterrumpida trajeron luto y desolación a nuestro país el pasado fin de semana.
Los efectos combinados de “Ida”, ya en retirada en dirección noroeste, y una depresión tropical estacionaria, que llegó del Pacífico a tierra salvadoreña, fueron devastadores. Nada habría podido evitar las inundaciones y el daño irreparable a los cultivos. Tampoco puede evitarse la destrucción de las viviendas más precarias, a no ser que algún día nos duela de verdad a todos la pobreza y hagamos un esfuerzo significativo para superarla y para proteger a los más vulnerables mientras se alcanza ese objetivo. Lo que sí se puede es evitar o reducir la pérdida de vidas humanas, si se activa oportunamente el sistema de alertas y si las personas más amenazadas atiendan los llamados para evacuar. Esta vez fallaron ambas condiciones y ahí tenemos las muy lamentables consecuencias.
Ojalá la tormenta no nos haya dejado solo destrucción y un fugaz sentimiento de solidaridad. Ojalá este sea realmente un gobierno de cambios positivos y se empeñe en formular políticas que vayan más allá de pequeñas obras de mitigación de riesgos. Ojalá los diputados, en vez de pelearse por luces de escena y migajas de poder, contribuyan a generar un marco jurídico que impulse estrategias viables de desarrollo para empezar a superar tanta vulnerabilidad frente a fenómenos naturales, crisis económicas, epidemias. Ignorancia y criminalidad.
Ojalá, digo, pero confieso decirlo con más preocupación que esperanza, porque veo que tampoco estamos activando ni atendiendo las señales de alerta política. No queremos ver lo que está ocurriendo ni lo que viene después. Como con las lluvias, preferimos aferrarnos a la creencia de que el daño no será tan grande o tan irreparable. Preferimos, como los venezolanos y nicaragüenses, esperar y lamentarnos cuando las cosas ya no tienen mucho remedio.
No nos damos cuenta de que, desde hace ratos, la pugna principal ya no es entre ideologías, sino entre grupos transideológicos constituidos por personas cínicas e inescrupulosas que quieren enquistarse en las estructuras de poder para favorecer intereses mezquinos. Los que antes fueron enemigos ideológicos, ahora comen del mismo plato mientras conspiran juntos para apartar a todo aquel que les estorbe. Queda gente honesta y bien intencionada en todos los partidos, pero emergen cada vez con más fuerza los que no tienen otra patria ni otra bandera que no sea la de su ilimitada codicia.
En boca de algunos de estos siniestros personajes, la nueva derecha popular y el socialismo del siglo XXI son poco más que viñetas discursivas para dar visos de legitimidad a un esfuerzo que busca el poder por el poder. Los modelos totalitarios de izquierda y de derecha tienen eso en común. Sofocan la libertad de pensamiento y expresión, manipulan la conciencia ciudadana, anulan la oposición parlamentaria y hacen todo lo necesario para garantizarse impunidad y permanencia en el poder.
ARENA, el PCN y el PDC arrastraban una buena cantidad de errores debilitantes, por acción y por omisión, desde los días en que los partidos intentaban genuinamente conducirse con apego a una doctrina política o a un pensamiento económico. Esas debilidades acumuladas salieron a flote y se agudizaron tras la derrota que, como bloque de derecha, sufrieron en la reciente elección presidencial. Ahora, algunos dirigentes del FMLN, en unidad coyuntural de propósitos con ciertos poderes fácticos y con peones del crimen organizado, están exacerbando esas debilidades y consiguiendo el propósito de someter o acabarse a los demás partidos.
Una cosa es tener políticos corruptos, que los hay en todas partes, y otra muy diferente es la corrupción de todo el sistema político. A esto último podrían estarse prestando, sin caer en la cuenta, muchas personas que no atinan de dónde vienen ni hacia dónde se dirigen los tiros. Pero también están colaborando unos cuantos dirigentes y militantes areneros que piensan que el principal problema de su partido en este momento se llama Alfredo Cristiani.
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