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2010/10/15

LPG-Editorial-Insistimos en la necesidad de generar confianza

 La confianza siempre es interactiva: los diferentes sectores y actores que inciden en la vida nacional tienen la obligación de darse confianza mutua.

Escrito por Editorial.15 de Octubre. Tomado de La Prensa Gráfica.

 

Aunque hay signos que dan pie para confiar en que la recuperación económica está empezando a tomar cuerpo en el ambiente, también es claro que dicha dinámica no apunta por ahora hacia los niveles que serían necesarios para tener un repunte que corresponda a las necesidades del desarrollo nacional. Si seguimos creciendo con la modorra característica de los años recientes, seguiremos viendo crecer el deterioro de las condiciones de vida, pese a los planes asistencialistas y a los esfuerzos por incrementar la inversión pública. El gasto público no ha entrado en fase de ajuste, el endeudamiento ya va alcanzando los límites de la insostenibilidad y la situación fiscal es verdaderamente crítica. En tales condiciones, ¿dónde podría estar el punto clave para revertir esta suma de peligrosísimas amenazas? Muy fácil: en la confianza.

En estos días, esa palabra se ha vuelto una especie de aspiración de todos: el Gobierno pide que se le tenga confianza, el empresariado demanda condiciones que le den confianza para trabajar y para invertir, los distintos grupos sociales exigen que se les dé confianza en que sus derechos serán respetados y sus aspiraciones serán atendidas, y la ciudadanía, asediada por tantas formas de inseguridad, está reclamando que haya estrategias efectivas que le permitan confiar en que nos encaminamos hacia una convivencia más tranquila y segura en todos los órdenes.

Todas estas peticiones y demandas de confianza deben ser tratadas en conjunto, porque se vinculan íntimamente unas con otras. Por ejemplo, si el empresariado de todos los niveles siente la confianza suficiente para trabajar e invertir de manera congruente con las necesidades de crecimiento del país, habrá más recursos públicos disponibles para atender los distintos temas de inseguridad que aquejan a la población.

Por otra parte, hay que entender que la confianza siempre es interactiva: los diferentes sectores y actores que inciden en la vida nacional tienen la obligación de darse confianza mutua, pues de lo contrario lo único que podría generarse son brotes muy frágiles de credibilidad, que se desbaratarían ante los primeros problemas o conflictos. De ahí que sólo estar pidiendo confianza es siempre insuficiente: lo que funciona es pedir confianza a la vez que se otorga confianza. En el caso de las relaciones entre el Gobierno y el empresariado esto es especialmente sensible; y por ello resulta incongruente, para el caso, que el Gobierno solicite confianza cuando al mismo tiempo, a la primera diferencia, surgen las acusaciones desautorizadoras. Y, desde luego, la retórica antiempresarial que se esgrime recurrentemente desde la izquierda, y en especial desde el FMLN, es un factor de perturbación y desconfianza obsoleto e inoportuno.

Estamos atravesando una época crítica, por muchas causas, tanto internas como externas. La crisis de la economía, que ha generado tantos impactos globales, ha venido a desnudar aún más nuestras deficiencias estructurales. Y, en tales condiciones, la generación de confianza se vuelve aún más decisiva. Ante este tipo de desafíos, lo que se impone, en primer término, es la necesidad de tomar conciencia concreta de que el país es un todo, y que si no se le ve y se le trata así, nos quedaremos dando vueltas alrededor de fragmentaciones inviables, tanto políticas como económicas y sociales. Si no tenemos la autoconfianza compartida en que el país, como ese todo que es, puede salir adelante en la ruta del desarrollo, de muy poco servirán las iniciativas aisladas.

Insistimos en la necesidad de generar confianza

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