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2010/02/12

LPG-Pesos y contrapesos: componentes básicos de la democracia

En marzo de 2009, unos días después de las elecciones presidenciales, me fue publicado en LA PRENSA GRÁFICA el artículo “La alternabilidad, clave del proceso democrático”, en el cual hacía, entre otras, estas consideraciones: “El 15 de marzo ganó Mauricio Funes y el FMLN... Esa misma noche, el presidente electo lanzó un mensaje inteligente, conciliador y esperanzador... Ya no vimos al candidato a la defensiva; asomó el estadista que las condiciones demandan”.

Escrito por Juan Ramón Medrano.12 de Febrero. Tomado de La Prensa Grafica.

Y ahora, con más de ocho meses en el gobierno, se ha acentuado esa tendencia del presidente: coincidir con el partido de gobierno en unos puntos y diferir en otros; pero poniéndole su estilo personal, manteniendo su visión de país, buscando la unidad nacional y gobernar en función de todos los sectores políticos y sociales.

Se ha criticado en términos más negativos que positivos, la existencia de diferencias entre el presidente y el partido de gobierno; la razón principal es que hemos estado acostumbrados al presidencialismo. En los gobiernos de derecha y en forma más acentuada, en los gobiernos militares de décadas anteriores, el mismo partido oficial tenía la Presidencia de la República y la mayoría en la Asamblea Legislativa y por tanto, el presidente era el jefe del Órgano Ejecutivo, pero también del Legislativo y del Judicial.

No se cumplía con la división de poderes, ese concepto también fundamental para las democracias, planteado por Locke y Montesquieu, conquistado en la Revolución Francesa en el siglo XVIII y plasmado en la Constitución de Estados Unidos en 1787, como pesos y contrapesos en el cual el poder detiene al poder e impide los abusos de autoridad.

Veamos este concepto aplicado a nuestra política actual: durante la campaña electoral, el candidato Mauricio Funes siempre mantuvo distancia de las posiciones del FMLN en cuanto al Socialismo del Siglo XXI. Insistió en que sus referentes internacionales eran los presidentes Lula y Obama y que no sería manipulado por nadie. Esa tendencia se ha mantenido y acentuado como es el caso de la discusión reciente por la supresión del cargo básico en la telefonía fija, por todos los partidos de la Asamblea Legislativa, a iniciativa del partido de gobierno.

El lunes 25 de enero el mandatario reaccionó, tildando de doble moral al Frente y de irresponsable y populista a la Asamblea Legislativa. Y el martes 26 de enero, en el contexto de la X ENADE, en su discurso a los empresarios reafirmó: “Me preocupa una actitud que no he vacilado en calificar de irresponsable, ya que hay quienes movidos por intereses partidarios, no miden las consecuencias económicas de su decisión”, y luego agregó: “La Asamblea Legislativa modifica de forma inconsulta las reglas del juego económico poniendo en riesgo una importante inversión extranjera”. Y a los empresarios les dijo directamente: “Esperaría de las gremiales empresariales, así como lo hará este servidor, una defensa más protagónica, que la mostrada hasta ahora, de las libertades económicas y del respeto al Estado de Derecho de nuestro país”.

He argumentado que las diferencias son reales y que los pesos y contrapesos son positivos y necesarios para la democracia incipiente. Y la discusión es saludable, siempre y cuando las diferencias no se conviertan en una confrontación que los debilite a ambos.

Es cierto que al presidente Funes le interesa obtener buenos resultados en estos cinco años de gobierno y al FMLN aumentar su acumulación electoral para ganar en 2012 y 2014. El futuro del Frente está ligado a los buenos resultados del gobierno del presidente Funes.

Pesos y contrapesos: componentes básicos de la democracia

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