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2010/02/12

LPG-Entre “dimes y diretes”

Las diferencias públicas entre el presidente Funes y el Frente, destacadas recientemente por los medios de comunicación, se perciben como un “dime que te diré” entre el jefe del Ejecutivo y el partido que lo llevó al poder.

Escrito por Rolando Marín. 12 de Febrero. Tomado de La Prensa Grafica.

Sobre estas diferencias surgen especulaciones que pronto tendrán que dilucidarse. Por una parte, el FMLN tiene una amplia base de militantes habituados a la lucha revolucionaria que aspiran a establecer una sociedad sin desigualdades de clases, deseosos que se instaure el poder socialista del pueblo y que se impulse una revolución democrática del Estado, siendo Cuba y Venezuela sus máximos referentes. Estas masas populares necesitan de su Gobierno un mensaje de confianza, en un lenguaje dialéctico y reivindicativo, encontrando en las intervenciones del vicepresidente de la República a su mejor aliado, quien ha tranquilizado a los seguidores rojos más radicales, ahuyentando al sector privado.

Por otra parte, para salir de la crisis y estimular el desarrollo económico sostenible, el país necesita incentivar inversiones que produzcan oportunidades laborales e ingresos para las familias salvadoreñas. Esto requiere de un ambiente de confianza para el sector productivo, que ha encontrado en las intervenciones públicas del presidente a su mejor referente, quien por su lado ha tranquilizado al sector empresarial, expectante de las líneas que siga el actual Gobierno, pero ha inquietado a los miembros de su partido.

Tal parece que el señor presidente busca generar la confianza necesaria para las inversiones del sector privado y el señor vicepresidente pretende tranquilizar a los miembros del Frente. Esta realidad puede ser el resultado de una estrategia entre el Gobierno y el FMLN, para mantener el equilibrio necesario entre el estímulo a la producción y las aspiraciones revolucionarias, siguiendo el modelo de Brasil, atractivo para los inversionistas, pero decepcionante para sus militantes. Sin embargo, estas diferencias también podrían ser producto de discrepancias significativas entre el presidente y su partido, lo cual tarde o temprano provocaría una crisis en su relación, con el consecuente efecto adverso para la gobernabilidad del país. También podría existir una tercera causa de estas diferencias, que sean producto de la falta de experiencia para gobernar, lo cual tendría su efecto perverso en el desarrollo de la nación.

Por el beneficio del país, pronto se deben resolver y aclarar estas diferencias públicas entre el presidente y el FMLN, de lo cual dependerá el futuro político a seguir por el Ejecutivo, pues no es sostenible mantener esos “encontronazos” sin que una de las partes salga lesionada, considerando que para unos estas diferencias no son más que una estrategia política, pero en el fondo ambas partes persiguen el mismo ideal y método revolucionario; y para otros, hay diferencias críticas entre las partes. En cualquier caso se deben resolver las discrepancias.

Si fuimos capaces de resolver un conflicto armado por la vía del diálogo y la negociación, dando una lección al mundo entero y de lo cual acabamos de festejar nuestra mayoría de edad, también podemos ser capaces de superar diferencias para la construcción de un modelo de desarrollo económico, político y social, que se podría constituir en una “tercera vía”; es decir, que nuestra referencia no sea Cuba, ni Venezuela, ni Brasil; sino un modelo propio de desarrollo, con la participación de los diferentes sectores que deberán estar abiertos a cambios de paradigmas en la forma de hacer la cosas y sobre todo, integrando intereses que antepongan el beneficio de El Salvador, fundamentado en la alianza de sectores, que sustituya la lucha de clases. Esto sería el mejor logro de un estadista en desarrollo.

Entre “dimes y diretes”

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