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2010/01/12

Co Latino-Opinando sin política (568)

Escrito por Eduardo Badía Serra. 12 de Enero. Tomado de Diario Co Latino.

Un buen ejemplo de cómo este modelo de desarrollo altera la relación normal del hombre salvadoreño con su economía es el caso de los combustibles utilizados en el transporte, público y privado. El Salvador es un país con una alta tasa de vehículos per cápita en el mundo, alrededor de uno por cada nueve habitantes, tasa que se altera enormemente en el área metropolitana y su zona de influencia, en la cual hay un vehículo por cada tres o cuatro habitantes. ¿Qué significa eso en el orden económico? Cito algunos de sus efectos: Muy alto consumo de combustibles, mayor necesidad de infraestructura vial, mayor necesidad de mantenimiento de la misma, alta pérdida de tiempo por transportación, atascos frecuentes, embotellamientos, estrés, enojos, accidentes, etc., etc., etc., y además, lo coloco aparte, una enorme contaminación generada por los vehículos, que, al no estar en su mayoría adecuadamente mantenidos, generan no sólo anhídrido carbónico sino también ese letal tóxico que se llama monóxido de carbono.

¿Porqué hay tanto vehículo en el país? La respuesta es simple pero precisa: Por el pésimo sistema de transporte público que tenemos, obsoleto, irresponsable, incómodo, sucio, inseguro, inexacto en sus horarios, violento y altamente peligroso. Si se dispusiera de un transporte público adecuado, con toda seguridad el número de vehículos transitando por nuestras carreteras sería sustancialmente menor.

El Salvador no tiene petróleo, importa sus combustibles, gasolinas y diesel, y estos son cada vez más caros y cargados con más impuestos. Ello afecta al consumidor y a su economía familiar y empresarial, queja esta constante desde hace ya muchos años aunque nadie la escucha. Pero no hay solución posible a este problema que no pase por una modificación del sistema de transporte público. Buscar soluciones al margen de ello es buscar pseudo soluciones. Eso puedo asegurarlo.

El petróleo es ya caro y lo será más aun en el futuro por tres razones, cuando menos, muy claras: Cada vez hay menos, cada vez cuesta más extraerlo, y cada vez es de menor calidad. Por lo tanto, sus productos, gasolinas y diesel para el caso, serán también cada vez más caros. No es cuestión de buscar   “fórmulas” milagrosas, ni es cosa de los famosos “precios de referencia”, ni del establecimiento de “cajas únicas”.

Lo anterior no soluciona nada, porque el problema reside en el alto consumo de combustibles y en su alto precio, y esto último, no así lo primero, no depende de nosotros. Ni la “fórmula”, ni los “precios de referencia”, ni las “cajas únicas”, incidirán sobre los precios de las gasolinas y el diesel. Simplemente, si el petróleo es caro, (y si no se regulan los márgenes de ganancia de las petroleras, por cierto), las gasolinas y el diesel serán caros cada vez más.

Hay factores de solución que podrían abaratar los precios de esos combustibles. Uno de ellos es la producción y el uso de carburantes alternativos obtenidos de fuentes renovables, alcohol anhidro y bio-diesel, por ejemplo. Sobre ello se han forjado en el país muchos mitos originados por intereses particulares que no desean que un proyecto de tal naturaleza se desarrolle, como por ejemplo el que ello afectaría la “seguridad alimentaria” del país, mito este más grande que una catedral; otro mito alrededor de este asunto es el de que los precios del bio-diesel y del alcohol carburante resultan iguales o incluso mayores que los de aquellos combustibles a quienes sustituirían; otro más es el de que implementar el sistema llevaría muchos años; otro más, el de las malas experiencias habidas en el pasado con el proyecto del Presidente Duarte.

¡Mitos! ¡Puros mitos! Yo no logro entender porqué no se ha tomado esa opción, que podría significar, en el caso de las gasolinas por ejemplo, la posibilidad de sustituir un 15 % por lo menos de gasolinas por alcohol anhidro, bajando sensiblemente el precio de la mezcla, provocando ahorro de divisas, y sin afectar absolutamente la tan traída y llevada “seguridad alimentaria”, seguridad que en primer lugar no existe, y en segundo lugar, de existir, no se vería afectada en absoluto, pues producir alcohol anhidro para sustituir un 15 % de gasolina podría hacerse sin incrementar el cultivo de caña de azúcar ni en una sola manzana.

Además, este es un proyecto cuya implementación, tomadas las decisiones, no tardaría más de un año. Eso lo saben los que conocen del asunto, y en todo caso, yo podría demostrarlo técnicamente. ¿Por qué hay intereses que se oponen a ello? ¿Por qué se sigue retardando esta alternativa? ¡Sería bueno saberlo!

Pero en todo caso, la solución de fondo, al margen de otras soluciones parciales como la planteada, radica en la puesta en marcha de un sistema de transporte público moderno, racional, seguro, eficiente, respetuoso del ambiente, con horarios rigurosamente cumplidos. Ello es posible. Por supuesto que no hablamos aquí de “sustituir buses viejos por buses nuevos”, como parece ser la solución que siempre se está asumiendo en los niveles de decisión de estas cuestiones, pseudo solución por supuesto.

Hay que cambiar el modelo, el sistema. Para ello, de la misma manera que para los combustibles alternativos derivados de fuentes renovables, lo primero que hay que hacer es no hacer caso a los mitos, sustituir, como lo hicieron aquellos griegos famosos de los siglos VI y V a.C, el mito por el logos, el mito por la razón. “¡Quemen a Homero!”, decían los viejos pitagóricos de entonces.

Pues bien, comencemos nosotros también por quemar nuestros mitos, mitos que nos impiden ver la realidad de fondo de nuestros problemas, y que además, en todo caso, no son tan bellos y bien elaborados como los de los griegos sino al contrario medio vulgarones y hasta repulsivos en la mayoría de los casos. 

Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
Pueblo, ¡Decídete por el cambio! ¡Anida la esperanza!
¿De política?
¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.

Opinando sin política (568) | 12 de Enero de 2010 | DiarioCoLatino.com - Más de un Siglo de Credibilidad

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