Una y otra vez las doctrinas sociales, en especial las fracasadas, se experimentan sobre pueblos a los que no se les ofrece alternativa. Los ratones de laboratorio son seres humanos
Editorial. Miércoles 11 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.
¿Murió el marxismo con la caída del Muro de Berlín? Muchos juzgan que no, pensando en Chávez, en Ortega y en Mugabe, aunque eso recuerda el caso de Inés de Castro, que siguió reinando, colocada en el trono de Portugal, ya cadáver.
El marxismo nació muerto como doctrina, pues en vida de Marx o a los pocos años de su deceso, sus postulados demostraron ser falsos por pensadores como Karl Menger, Böhm-Bawerk, Herbert Spencer y John Stuart Mill. El marxismo científico se demostró incongruente con la realidad, pero subsiste como una bandera para alcanzar y mantener el poder político.
O parodiando una famosa frase suya, "el marxismo es el opio del pueblo", el credo de la envidia. Naciones enteras se han hundido al correr tras el fulgurante paraíso que se promete con la sociedad sin clases, el Edén de verdes prados y ríos de leche y miel.
El estrepitoso colapso del Muro de Berlín, empero, puso frente al mundo lo que eran las realidades del Bloque Socialista: terrible retraso económico, pobreza general, servidumbre humana, cárceles políticas y balazos en la nuca, ciudades ruinosas, hombres y mujeres sin ambición y sin espíritu. Significativamente, fuera de una dictadura del Asia Central, en todas esas naciones impera la democracia política y economías de mercado, unas más cerca que otras, de lo que es el ideal.
Pero ¡Ah! El comunismo fracasó porque en todo el inmenso bloque comunista con su casi billón de pobladores, a los que además hay que sumar chinos, vietnamitas, norcoreanos y cubanos, no hubo intelectos capaces de hacer realidad el sueño. Antes había fracasado en el Tercer Imperio de Hitler y bajo el fascismo con Mussolini.
Experimentan con seres humanos
Pero nosotros en América tenemos la inmensa dicha de contar con portentosos genios que viven y actúan en nuestro medio: los Chávez, los Ortega, los Kirchner, los Correa. Con su enaltecido liderazgo nuestros pueblos abrirán un luminoso sendero para el resto de la humanidad. Lo que en forma aparatosa fracasó allá, al costo espantoso de vidas y futuros humanos, será prodigio acá, en América. Para suerte de todos, se nos asegura, hay gente con los genes correctos en este Hemisferio. Algunos como Evo, se empluman e invocan a los dioses del socialismo en lo alto de las montañas.
Hay pequeños tropiezos, reconozcámoslo, en el camino hacia el futuro. Si a la felicidad se llega mejorando el reparto, todos nos quedaremos pobres y, además, sin capital para generar nuevas fuentes de trabajo, amén de que habrá una hemorragia de talentos y de experiencia que saldrá al exterior. Precisamente para impedir el éxodo es que se levantó el Muro de Berlín, que encerraba no sólo a Berlín sino también a decenas de pueblos. A los berlineses orientales se les aleccionó que el Muro fue erigido para evitar que centenares de millones de occidentales los invadieran para arrebatarles sus riquezas, su abundante despensa, sus modernísimas fábricas y además se instalaran en sus ciudades. Pero cayó el Muro y sucedió todo lo contrario: decenas de millones escaparon como pudieron, hasta darse cuenta de que ya nadie iba a encerrarlos.
Una y otra vez las doctrinas sociales, en especial las fracasadas, se experimentan sobre pueblos a los que no se les ofrece alternativa. Los ratones de laboratorio son seres humanos.
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