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2010/05/05

LPG-La participación de las iglesias

 Escrito por Carlos H. Rivas.05 de Mayo. Tomado de La Prensa Gráfica.

Igual, considero que la oración o “rezar” el Padre Nuestro únicamente, no es el punto medular en cuanto a la incidencia de los valores cristianos y humanos en nuestro sistema educativo, sino el correcto y efectivo involucramiento de las iglesias en el trazado y la ejecución de las políticas educativas.

Nuestra Constitución reconoce la libertad de creencia y culto de los salvadoreños, a la par que define al Estado como laico. Esto es de singular importancia para nuestro país, ya que más del 90% de la población es creyente, y en su mayoría –más del 85.3%– cristiana (evangélica y católica).

Entre 1988 y 2008, según datos del IUDOP-UCA, el porcentaje de católicos romanos bajó del 67.1% a 50.9% (-16.2%); los protestantes aumentaron de 16.4% a 34.4% (+18%). Más que mostrar el crecimiento de las iglesias evangélicas, me interesa enfatizar que la gran mayoría de salvadoreños es creyente, lo cual tiene que ver directamente con la definición de políticas educativas.

Aun así, los sucesivos gobiernos de derecha poco o nada hicieron por integrar las iglesias a proyectos fundamentales para el desarrollo de la sociedad, amparados en el “laicismo” del Estado se privilegió una educación materialista, en el sentido más árido y equivocado del término, y se perdió la perspectiva humana y espiritual de la educación. Resultado: el deterioro moral de nuestra sociedad, la pérdida de valores y el desorbitado afán por la posesión y el lucro.

El Gobierno actual reconoce que las Iglesias tienen un importante protagonismo que desempeñar: “[…] Las iglesias tienen las fuerzas morales que el país necesita para salir de estos graves y endémicos problemas”. –Plan de Rescate Moral del FMLN.

Más allá del reconocimiento, es una necesidad contar con la capacidad y cobertura de las iglesias, que por definición cristiana tienen entre sus objetivos la sanidad espiritual de los individuos. Lograrlo es tarea del Ministerio de Educación, y debería ser preocupación del Consejo Nacional de Educación.

La creación de una Jefatura para la Formación en Valores, propongo, facilitaría estructurar una red de relaciones y complementariedad con las iglesias, para que estas desempeñen de manera activa y directa un papel protagónico en la lucha contra la violencia y la formación integral de los salvadoreños.

Desde allí, podrán contribuir con programas educativos específicos que se inserten en las políticas públicas de educación y en los programas generales de estudio, y fomenten valores espirituales y morales en los centros educativos para la construcción de una nueva sociedad justa, equitativa, respetuosa, solidaria y con conciencia moral, cívica y social.

Esto, que es apenas un bosquejo de lo que podría producir la integración de las iglesias a la gestión educativa, tiene que ver también con la regulación de la producción y transmisión o publicación de programas televisivos, radiales y escritos en los medios de comunicación, y pasa por apoyar y fortalecer la relación entre las instituciones académicas y las iglesias locales a fin de desarrollar los trabajos y planes de la Jefatura.

Las iglesias, en fin, a través de ese organismo, podrían producir, proponer y administrar programas y acciones dirigidos a la formación integral de la niñez y adolescencia, como una vía para superar los aspectos psicológicos e ideológicos que los convierten en sujetos de la violencia (víctimas y victimarios).

La participación de las iglesias

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