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2010/01/11

Contra Punto-Escribir en El Salvador

Escrito por Julio Canales. 10 de Enero. Tomado de Contra Punto.

De qué manera puede pensarse la posibilidad de engranar la unidad nacional mientras los ejes de las clases en un país tan pequeño siguen cada vez están más divididos entre sí

SAN SALVADOR-Podía ser anacrónico y retomar en este escrito mi preocupación de la semana recién pasada al ver como al gobierno central le caía una avalancha de protestas de calle, punzantes inquietudes de gremiales, demandas sectoriales, demandas personales; insatisfacciones de la derecha y de las izquierdas, pero la necesidad que impone la dinámica política, obliga a dejar de consolar al perro herido, para cuidarse de que no lo muerda a uno al sobarlo.

El gobierno del Presidente Funes está, a penas, despertándose en una cama con la fea de la parranda de anoche.  Y en esta semana que finalizó se comprobó que habrá momentos en que el sincretismo del presidente será insostenible en un país abismalmente dividido en clases económicas.

De qué manera puede pensarse la posibilidad de engranar la unidad nacional mientras los ejes de las clases en un país tan pequeño siguen cada vez están más divididos entre sí.

Cómo se puede crecer si no se inmuniza a las instituciones del Estado contra la injerencia de la vieja oligarquía y la nueva burguesía que después del colonialismo y las relativamente recientes inmigraciones se plantaron como un purulento parásito que ha succionado a esta tierra y a su gente a través del oportunismo, explotación y corrupción.

Incluir es una palabra que comienza a saberse, también en este gobierno, como un bien del poseedor de la fuerza física.  Los sectores y gremiales comienzan a medir fuerzas y a llamar mentiroso a un Estado que en su promoción política dice representarlos.  Aún así, las históricas y temidas unidades del orden se mantienen, todavía, como la orilla azul de la bacinica, prestas, con su convincente ajuar, a que nadie se salga de esa demarcación.

Aún no ha llegado el momento zenit de la relación del Presidente y su pueblo, es decir, del pueblo que lo urgía, no solo el que lo eligió.  Pero sí es el momento en que la gente afiance o pierda sus esperanzas.  Esperanzas que relajaron la pita que durante veinte años ARENA retó al rompimiento por tensión.

Si fuera creyente, le rogaría a cualquier dios para que no sea en este gobierno que la pita se reviente.  No sólo se perderían esperanzas.  Se desencadenaría una serie hechos que nadie en su sano juicio quisiera repetir en El Salvador.

La propensión es real.  El Salvador no es Honduras, pero tampoco es Suecia.  Es decir, hay organización popular un tanto fragmentada pero con líneas claras y comunes de objetivos; pero también, un conflicto interno, en tiempos de esta hambre, se prestaría, por nuestra idiosincrasia y falta actual de unidad política a los más ingeniosos juegos del uso de las carnadas humanas.

No es adelantarse a llorar al que no estaba muerto, y que solo andaba de parranda, pero es curioso que justo en la misma semana de tanta demanda social y económica, el Presidente de la República comience a escuchar los clamores de cambio en las estructuras de gobierno, quitando a los huesos colorados azules y blancos, pero a manera de compensación luego de tocarle los senos a la tigra al retar días atrás, nuevamente, al partido que lo llevó al poder cuando destituyó a funcionarios afines al partido rojo, y a una que otra piedra en el zapato de algún Amigo.  Algo así como un mea culpa, mas no de buena gana.

A su vez, pareciera que se afianza con un movimiento político (MANA) que lo apuntale en cualquier eventualidad próxima o proyecto a futuro, con el cuento, desde luego, que “no somos de las mismas” ideas, con el presidente, como dijeron los fundadores de esta organización a la que no le podríamos llamar nueva. En su defecto con nuevo nombre pues básicamente la forma el grupo de Amigos de Mauricio, pero con una marca políticamente más comercial.

Revisando los blog´s y páginas web, descubrí serias contradicciones que hace siete meses no me las hubiera creído ni con doce cervezas.  No tanto que los cuadros de izquierda estén criticando al Presidente que impulsaron, sino ver en El Diario de Hoy, en la primera plana, una encuesta extra benevolente con él.

En la vida real, los empresarios aún no lo tragan, y los que le apostaron a servirle a dios y al diablo entre las hermafroditas madres de la derecha salvadoreña –la oligarquía y la burguesía- se han quedado sin voz ni resguardo, por momento; la oligarquía lo trata bien y la burguesía toma café, sin aflicciones, en casa presidencial.

Aún así, la presión social está dinamizando cambios que a regañadientes se van permitiendo en el gobierno central.  Negarlo es como creerles el cuento a los funcionarios que serán removidos a partir del primero de febrero que salen dicendo que “se jubilan”, o “que se ha hecho difícil realizar su trabajo con tantas presiones políticas” y otras frases que les permite no dar a torcer el brazo.

A propósito dejo inconclusa esta columna pues tocaría morderme la lengua si pongo una palabra más que a media semana tenga que marginar un Fe de errata.
Escribir en El Salvador es como quitarse las canas: entre más te quitas, más te salen.  Por algo un amigo canadiense me respondió como abuelo regañón al preguntarle por qué no se iba a la gélida tranquilidad de su país: “mire ¿usted sabe cuántos libros con miles de historias se han escrito en menos de cincuenta años en El Salvador?; y en la paz de Suiza a penas, en cientos de años, han inventado un pendejito reloj cu-cu”.

Escribir en El Salvador

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